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Fronteras

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Simón Viola

Fronteras
Badajoz, Departamento de Publicaciones de la Diputación de Badajoz, Col. Narrativa, 2020, 190 págs.

    "Una boda en un día de lluvia torrencial, un matrimonio judío que huye de la Inquisición hacia Portugal, cuadrillas de contrabandistas de café, el padre que paga un favor cediendo a su hijo unos meses como pastor de cabras, mujeres con poderes especiales, narraciones orales al calor de la chimenea, aprender a pronunciar la r, juegos en las huertas, escopeta de balines al hombro... Son parte de los relatos -testimonio filial del autor- que aparecen en esta gavilla, desarrollados en un lugar excéntrico de una provincia periférica, en la frontera más antigua de Europa y más pequeña, la zona hispanoportuguesa denominada La Raya, un pequeño universo en el que tiene lugar una vida y un mundo atractivos por su caducidad y belleza". [Texto de contraportada].

Presentación de Fronteras

Presentación de La agonía del búho chico

Presentación de Fronteras

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 Fronteras

 

Simón Viola

Badajoz, Departamento de Publicaciones de la Diputación de Badajoz, Col. Narrativa, 2020, 190 págs.

 

   Presidido el acto por Ricardo Cabezas Martín, en su condición de Diputado Delegado de Cultura, Juventud y Bienestar Social, presentamos ayer en el transcurso de las actividades de la 39 Feria del Libro de Badajoz Fronteras, publicado por el Departamento de Publicación de la Diputación de Badajoz en su colección Narrativa. Fue precisamente la Directora del Departamento, Antonieta Benítez, la que hizo un recorrido pormenorizado por los capítulos del libro en una aproximación a la vez lúcida y amistosa. En este enlace puede consultarse un resumen del acto. Reproducimos una “nota del autor” que se propone también una presentación del libro.

 

Nota del autor

 

   Recuerda Jorge Luis Borges haber visto un reloj de sol en un jardín de cierta ciudad inglesa en el que su creador grabó: “It is later than yo think” (es más tarde de lo que piensas), una leyenda sorprendente en la que el reloj parece poner en duda sus propias mediciones, pero que, en realidad, advierte de algo de mayor calado: la presencia, no tan lejana, de una amenaza cierta y universal. Un sentido similar, pero no idéntico, tienen otras inscripciones en relojes de sol de toda Europa (“Vulnerant omnes, ultima necat”: todas hieren, la última mata, o “Tempus fugit”: el tiempo corre como un galgo). Puesto que es posible que todas lleven razón, he pensado que es un buen momento para reunir esta gavilla de textos, propios y ajenos, antes de que sea demasiado tarde. Mi padre dejó escritos varios recuerdos de su infancia que reproduzco en un capítulo titulado “Pagando favores ajenos”. Mi hermana es la autora de dos textos: “Guiris” y “Una historia en cuatro tiempos”, en tanto el texto titulado “Noviazgo y boda” procede de una pequeña biografía inédita, escrita por mi madre. Los míos, en fin, fueron escritos durante los meses de verano y otoño de 2017. Pero ninguno de los textos de esta miscelánea pretende ser una elegía ni un homenaje (no hay razón para ninguna de las dos cosas); tan solo, y ya es bastante, el pago de una deuda tal vez, el voluntarioso recuerdo de una vida y un mundo atractivos por su belleza intrínseca pero también por su caducidad, ya que, como afirma Marc Badal (Vidas a la intemperie) “somos los descendientes del campesinado”, pero los campesinos “han desaparecido y nunca escribieron su historia. Vivimos en el mundo que crearon. No podemos dar un solo paso sin pisar el resultado de su trabajo. Tampoco abrir los ojos sin ver el trazo de su huella. Una obra que es todo lo que nos rodea. Todo aquello que pensamos que es tan nuestro por el hecho de estar ahí. De toda la vida”. El título del libro, en fin, procede de una de las composiciones en que un judío bautizado (un criptojudío o marrano) huye del acoso inquisitorial con su esposa encinta de Alburquerque a Portalegre cruzando con ello dos fronteras, una geográfica y otra religiosa. También los demás textos del libro hablan de fronteras, unas reales (delimitaciones políticas, geográficas, lingüísticas) y otras metafóricas, abiertas, por tanto, a interpretaciones personales.

El álbum de la memoria

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 BADAJOZ. EL ÁLBUM DE LA MEMORIA

Gordon Haskel

Badajoz, Ediciones LaCalle, 2020, 136 págs.

 

   Con el seudónimo habitual de Gordon Haskel (nombre del músico y compositor británico solista tras formar parte del grupo King Crimson), Rafael Gordon (Valverde de Llerena, 1962) es autor de poemarios como Aroma de crepúsculo ((1992), Escrito en los bares y otros poemas que el tiempo secuestra en la memoria (1994), Escúchame, soy tu sombra (Sala Tragaluz, 1996), Cartas en la manga (Nuevas Letras, 2004), A las diez (2009) y La senda urbana (2016). Autor de letras de canciones para el grupo Inlavables, de textos dramáticos para los alumnos de  la sala Aftasí, publicó durante dos años en que residió en Chipiona dos libros sobre el pueblo gaditano: Chipiona, la gente que hizo un pueblo y Chipiona, la memoria del tiempo.

   De nuevo en la capital pacense, Gordon Haskel compuso Badajoz, la huella del tiempo, un libro de recuerdos, aparecido en 2017, basado en textos e imágenes de la ciudad desde principios de siglo hasta el presente. Emparentado con este último título se halla Badajoz, los años de seiscientos publicado En 2019 que utiliza como referente la aparición del que sería el más popular automóvil de la época salido de la fábrica Seat de Barcelona en el mes de mayo de 1957.

   Ahora, ve la luz Badajoz. El álbum de la memoria, un volumen que, como en casos anteriores incorpora numerosas imágenes de la ciudad acompañadas de textos esclarecedores. Reproducimos un fragmento de uno de los bloques iniciales (“Bienvenidos a este viaje”).

 

   “Esto no es un libro al uso, es simplemente un álbum, como los que tenemos en los estantes del mueble de nuestro salón y que de vez en cuando o muy de tarde en tarde, lo desempolvamos para enseñar a nuestros amigos o simplemente para recordar tiempos pasados, personas con las que tuvimos vivencias que guarda la memoria, lugares donde reposa la infancia de aquel niño que fuimos.

   Generalmente los álbumes tienen la cronología que cada uno quiera darle. En este caso, aquí no voy a seguir un trayectoria en el tiempo, sino más bien será un viaje de ida y vuelta, a través de la memoria.

   Por tanto aquí solo he pretendido que cada página sea una pequeña incursión en nuestras vidas.

   Que cada uno haga su propio viaje en el recuerdo que guarda de aquellos momentos que marcaron toda una etapa en este recorrido de la existencia.

   Que cada uno vuelva a vivir por un momento los juegos, travesuras, encuentros con las personas que ya no están físicamente entre nosotros pero siguen a nuestro lado”. [pp. 19-20].

La Junta Suprema de Extremadura

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LA JUNTA SUPREMA DE EXTREMADURA EN SU COMISIÓN DE SUBSISTENCIAS (1808-1912)

Documentos del Archivo Histórico Provincial de Badajoz

 

José Sarmiento Pérez

Badajoz, Departamento de Publicaciones de la Diputación de Badajoz, Col. Historia, 2020, 441 págs.

Prólogo del autor

 

   Secretario de la Revista de Estudios Extremeños y doctor en Historia, José Sarmiento Pérez (Lepe, Huelva, 1957) es autor de una vasta y notabilísima obra de investigación histórica con títulos como Represión eclesiástica en Badajoz (1824-1825), Reforma beneficial en la Diócesis de Badajoz durante la crisis del Antiguo Régimen (1769-1841), Mateo Delgado Moreno. Arzobispo-Obispo de la Diócesis de Badajoz (1754-1841), La Junta Suprema de Extremadura en la Guerra de la Independencia Española. Comisión de Gracia y Justicia (1808-1812), Josdé Galluzo y Páez. Capitán General y primer presidente de la Junta Suprema de Extremadura (1746-1817), Gabriel Rafael Bláquez Prieto. Canónigo y profesor de las Diócesis de Badajoz (1765-1845).

   José Sarmiento ha colaborado, asimismo, en obras como Extremadura y la Modernidad (La construcción de la España constitucional. 1808-1833), Los primeros liberales españoles. La aportación de Extremadura (1810-1854) o Coria-Cácres, Plasencia, Mérida-Badajoz. Historia de las diócesis españolas.

   Ahora, el Departamento de Publicaciones de la Diputación de Badajoz publica La Junta Suprema de Extremadura en su comisión de Subsistencias, centrada en la aportación regional a los ejércitos (inglés, portugués, español) que combaten a las tropas francesas en el periodo 1808-1812. En el prólogo, el investigador anuncia los propósitos de la obra.

 

   “En este libro […] abordo dos partes fundamentales, pero claramente entrelazadas. La primera, de ámbito institucional, centrada en la constitución de las 8 juntas de partido que se crearon en Extremadura (Alcántara, Badajoz, Mérida, Cáceres, Trujillo, Llerena, Plasencia y La Serena), junto con la Diputación de Extremadura. Y la segunda, relacionada con todos los aspectos encuadrados dentro de la denominada Comisión de Subsistencias (componentes de la comisión: suministros aportados a los ejércitos, franceses, ingleses, portugueses, españoles, extremeños y partidas de guerrillas; transportes de suministros; repartimientos vecinales y desamortización civil), cuya documentación la he ido insertando en los distintos partidos judiciales. Todo ello, acompañado de un capítulo introductorio, para que el lector tenga conocimiento de la situación económica extremeña reinante en los prolegómenos de la guerra; la consulta de una abundante bibliografía (tanto de ámbito nacional como extremeño) y la aportación de una extensa documentación inédita, incluida en el propio texto o en las notas a pie de página” [pp. 12-13].

El mundo rural extremeño

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 EL MUNDO RURAL EXTREMEÑO

(SS. XIII-XVI)

Paisaje, sociedad y poderes en el Maestrazgo de Alcántara

 

Luis Vicente Clemente Quijada

Badajoz, Departamento de Publicaciones de la Diputación de Badajoz, Col. Historia, 2020, 421 págs.

 

   Nacido en Montehermoso, Luis Vicente Clemente Quijada cursó la licenciatura en Historia como residente en la Muñoz Torrero y completó el doctorado en la Universidad de Extremadura becado por el Ministerio de Educación mientras proseguía su formación en la Escuela Oficial de Idiomas de Cáceres. Ha sido visitante en las universidades de Durham, Toma Tré y Complutense. Desde 2017 es profesor de Historia de Europa en la Universidad de Chile. Desde 2010, sus líneas de investigación se han centrado en la historia rural europea, donde aborda las transformaciones en los modelos sociales y políticos de las sociedades no industrializadas a través de temas como el poblamiento, el paisaje agrario y las relaciones económicas. Ahora, el Departamento de Publicaciones de la Diputación de Badajoz publica El mundo rural extremeño (SS. XIII-XVI), un extenso y documentado estudio sobre el panorama rural de la región y sus sucesivas trasformaciones en el territorio del maestrazgo de Alcántara. Reproducimos un fragmento que da cuenta del surgimiento y desarrollo de las ventas junto a los caminos más transitados.


 

   “La actividad de estas ventas atrae pobladores hacia ellas debido a una cuestión logística, ya que el trasiego de caminantes hace rentable también la producción para su abastecimiento, que en gran medida debe hacerse mediante una producción anexa, dada la amplia distancia que separas estos lugares y los núcleos habitados más cercanos. Por ejemplo, en torno a la venta del Terarejo, en la dehesa de Azagala, han comenzado a instalarse hortelanos hacia 1520 que se dedican al a abastecimiento de viajeros  y ganaderos. Bartolomé Martín apreciaba el beneficio que de ellas se derivaba porque ‘estando allí la dicha huerta tienen mucho rrefrigerio los caminantes e pasajeros’. Hernando Alonso Bejarano hacía una estimación similar que además nos permite contextualizar este desarrollo como fruto de la distancia hasta la población más cercana: ‘los herbajeros e pastores que allí traen sus ganados se proveen de fruta e legumbres de la dicha huerta e no las hallaran hasta Alburquerque, que son cuatro leguas”. Uno de los hortelanos cuenta incluso con un horno en su huerta destinado a la producción de pan”. [p. 104].

Sólo tenemos sentimientos

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 SÓLO TENEMOS SENTIMIENTOS

María Francisca Ruano

Madrid, Ediciones Libertarias, 2020, 76 págs.

 

 María Francisca Ruano (Madrid, 1946) es autora de una amplia trayectoria cuentística de creciente calidad, que arranca con Cuentos de Badajoz (Badajoz, Universitas, 1989), libro al que siguieron otros muchos títulos. Los publicados ya en este siglo han sido Días sin gloria (2002), Las flores del silencio (2004) Archipiélagos (2005), Entretenimientos privados (2007), Invierno español y portugués (2012), Será la boda más bonita del mundo (2013), Un mono solitario es una criatura vulnerable (2015) Y, finalmente frambuesas (2016) y Todo el mundo acaba marchándose de casa (2018)

   Ahora la editorial madrileña Libertarias publica Sólo tenemos sentimientos, una compilación de veinte pequeños relatos (en algún caso, microrrelatos) que poseen ese mismo “aire de familia” de libros anteriores. Acompañamos en estos nuevos cuentos a mujeres viajeras, observadoras, que deambulan por ciudades y hoteles, viviendo en algún caso aventuras eróticas abocadas a la decepción, en el umbral de la ancianidad, conscientes de las pérdidas, de la soledad, de la melancolía de los recuerdos, como esa mujer que conserva frascos de perfumes de sus amantes, “efluvios, emanaciones, el bálsamo del amor antes de desvanecerse casi del todo” y descubren que al fin todos quedamos “a solas con los sentimientos… sólo. Solos”. Reproducimos uno de los microrrelatos del libro.

 

COMPLETO CAOS DE UNA CASA CONSIDERÁNDOLA MARAVILLOSA

 

   En el barrio pobre de Sidi Bel Abbès, en Marrakech, una vieja mujer se despierta hacia las siete menos diez, profundamente dormida desde las once de la noche de ayer.

   Antes siquiera de lavarse un poco para acudir al mercado de El Khemis a intentar vender sus vestidos viejos también, vio su cama vacía. Siempre había sido así.

   Paro antes de recordar los nombres de todos sus numerosos amantes –Moha, Abdelhay, Mustafá, Sifi…- observa cómo se alinean en los azulejos altos de la alacena mal enyesada los tarritos opacos con sus perras incineradas –Hada, Viba, Ira, Mapa…- y resbalan las yemas de sus diez dedos recorriéndolas, cálidas conscientes de consumados amores, cuya autenticidad y autarquía desconocen los grandes genios de la literatura. [p. 61].

Reseña de Fronteras

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FRONTERAS

Simón Viola

Badajoz, Departamento de Publicaciones de la Diputación de Badajoz, Col. Narrativa, 2020, 190 págs

 

 

DOS FRONTERAS. INDICIOS DEL PARAÍSO 

 

 Antonio María Flórez

 

Tengo una vieja costumbre que data de mis primeros tiempos de escritor en Manizales y es la de comprar recién salidos los libros de mis amigos, más allá de que ellos o su editorial me los regalen. Me decía en aquellos tiempos de principiante que, si ni siquiera los amigos compraban tus libros, mal empezábamos. Y eso es lo que ha pasado con estos dos ejemplares que ahora tengo de Fronteras, el nuevo libro de Simón Viola. Uno lo compré el lunes pasado en la caseta de la Diputación Provincial en la Feria del Libro de Badajoz y el otro me ha llegado hoy por cortesía de esa institución y a sugerencia de su autor, gesto que agradezco públicamente.

Bien, ya he leído el libro de cabo a rabo. Y a fe que me ha gustado, especialmente por su fluidez y exquisitez idiomática. Ese lenguaje rayano del que se apropia con naturalidad Simón Viola, porque lo ha mamado desde niño y porque su condición de filólogo lo ha impulsado a desentrañarlo. 

         El libro está estructurado en forma de capítulos independientes, a manera de cuentos, ensayos y estampas, con algunos textos intercalados de algún familiar suyo que no desentonan temática ni estilísticamente. Una miscelánea que podría leerse, incluso, como una novela postmoderna e intertextual; pero no es esa su intencionalidad propiamente. 

Trata de la frontera, pero nos da indicios del paraíso, de la infancia perdida pero recuperada a través de la oralidad y con la complicidad evocativa de sus familiares más cercanos y de su gran memoria visual y auditiva. Habla de esa felicidad lograda en su “Codiçeira” natal, tierra de ginestas o retamas, antes de empezar a buscarla propiamente, como insinuaba Leopardi; pero también de la fraternidad y afinidad cultural de las gentes de la frontera luso-extremeña, de sus costumbres, mitos y supersticiones. 

Leyéndolo, uno piensa en las estampas de Francisco Valdés y Reyes Huertas (autores que conoce al dedillo), pero sin el costumbrismo primisecular de aquellos; y también piensa en Luis Landero, sin que medie lo que uno llama el “landerismo” imitativo que podría provenir de El balcón en invierno o Ésta es mi tierra, sino, más bien de la afinidad y la vecindad de sus tierras de origen y la vivencia de experiencias semejantes en su tránsito del campo a la ciudad. 

Disfruta uno del sinfín de anécdotas que recoge, de su fina ironía, de su capacidad descriptiva y de su amor por la tierra y la familia. Se esfuerza en trazarnos su trayectoria vital ligada a sus gustos musicales, cinéfilos y literarios, que son a la vez el periplo de un país que ha sufrido un cambio radical en su tránsito a la modernidad, al cambio generacional que parió la España de la Transición que nos llevó al ahora, para bien o para mal.

 Su amplia formación libresca, su erudición, se cata en muchas de las narraciones de este ameno Fronteras, pero siendo consciente de que la cultura “es el conocimiento del entorno sea este cual sea”, como bien lo dice en “Arreglos caseros” uno de los relatos que más me han tocado, porque es cierto, ésta es mucho más que leer libros, es aprender a vivir con dignidad y suficiencia en el lugar donde moramos. 

Es una persona, Simón Viola, profesor estimado sobremanera por sus antiguos alumnos del colegio Claret de Don Benito (donde uno también estudió), por su cercanía y su capacidad pedagógica, y la huella indeleble que en ellos dejó, y que en buena hora se ha jubilado para disfrutar de la lectura y del campo; porque es que creo que llevaría mal la enseñanza en estos tiempos pandémicos, al igual que lo señalaba recientemente el escritor placentino Álvaro Valverde, retirado como él de la enseñanza, para infortunio de sus discentes y en beneficio de sus lectores.

 

 

Antonio María Flórez Rodríguez, 

Don Benito, 22 de septiembre de 2020

Álvaro Valverde sobre Fronteras

El contorno del eco

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EL CONTORNO DEL ECO

Carlos García Mera

Mérida, Editora Regional de Extremadura, col. Poesía, 2019, 96 págs.

 

   Graduado en Historia y Ciencias de la Música en la Universidad Autónoma de Madrid y máster en Crítica y Argumentación Filosófica, Carlos García Mera publicó su primer poemario en 2014, Acercanza(Beturia). Desde entonces, ha colaborado en antologías poéticas como Aire por Aire. A Santiago Castelo (Vberitas, 2015, coordinada por Juan Ricardo Montaña), Basta. Voces extremeñas contra la violencia de género(Diputación de Badajoz, 2018), o En el vuelo de la memoria. Antología para Ángel Campos Pámpano (Editora Regional, 2018). Ha sido coordinador de la revista de la AEEX, El espejo, y colabora mensualmente en el diario digital CódigoPúblico. Recientemente ha visto la luz una antología de la obra de Santiago Castelo preparada por él, Sin pronunciar tu nombre. Antología poética (1976-2015) en la editorial Uratu.

   Ahora, la Editora Regional de Extremadura publica su segundo poemario, El contorno de eco, que agrupa las composiciones en tres bloques en los que un solo sujeto lírico entona “tres voces para darles forma de poemas”. En el primero, “La raíz” aflora la voz del recuerdo (la niñez, el jardín, el canto de los pájaros, la familia, la “casa del pueblo”, la playa”…); el segundo´, “La hora”, contiene composiciones elegíacas (en que evoca aÁngel Campos Pámpano o Santiago Castelo); en el tercero, “El canto”, la voz del poeta se expresa a través de autores de la Roma clásica (y en algún caso del mundo árabe). Todos ellos configuran un libro expreso en un registro formal marcado por la sugerencia, la sobriedad, la pulcritud y la contención formal. Reproducimos uno de los poemas del primer apartado.

 

 

Aquí florece el árbol de los años,

su sombra se extiende hasta el inicio del otoño.

Juntos regamos su raíz,

hundida en la tierra busca transformar el suelo en vida.

Con el tiempo sus arterias han ensanchado

la oquedad de la madera,

ahora una savia dulce recorre los pasillos de su tronco.

Más de setecientos días hemos contemplado

que en el filo de sus hojas se hallan

todas las lluvias del verano.

Enrique García Fuentes sobre Fronteras

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El pasado sábado, Enrique García Fuentes, uno de los más conocidos críticos literarios de la región, publicaba una reseña sobre Fronteras, que reproducimos aquí con su permiso.

     ARCADIA

Enrique García Fuentes

 Para los que, como yo, consideran a Manuel Simón Viola Morato el nombre de referencia en lo que se refiere a estudios filológicos y críticos de la narrativa extremeña de los dos últimos siglos (y de los más avezados también a la hora de ponerla en conexión con el resto de las literatura hispánica de las mismas fechas) les habrá sorprendido esta irrupción decidida en un campo que hasta ahora había medido y sopesado con acierto y en el que, por fin, se ha decidido a intervenir.

No sé si es cierto eso que dicen de que todo crítico es un escritor frustrado; tampoco es que me importe mucho. La impresión que yo tengo es que Simón Viola (el aligerado nombre que ha elegido como escritor estricto) se arrellana en su recién estrenada condición de jubilado, libre de cargas académicas y exegéticas; pone en orden papeles varios y recuerdos por clasificar y se lanza, precavido, al cenagoso mundo de la creación literaria. Como todo escritor ‘novel’ (como si llevara poco escrito hasta la fecha…) opta por rebuscar en la memoria, ese inmenso territorio del que continuamente brotan asuntos e historias, y pergeña una serie de textos caracterizados por la brevedad, la pulcritud y una más o menos fidelidad –tampoco demasiado bien comprendida por mi parte, me aventuro a decir– a lo estrictamente real, verosímil y verificable de lo narrado.

Ya no sé si fue Rilke –tanto se le ha manoseado– el que dijo aquello de que la infancia es la patria del hombre, pero lo cierto es que Simón Viola ha entrado voraz en ese terreno tan suyo, privativo y propio y de él emanan esta veintena larga de recuerdos e impresiones particulares –que completa con fragmentos debelados cariñosamente de otros recuerdos redactados por familiares suyos de primer grado–, de sus andanzas de chico por La Codosera, Alburquerque, La Roca de la Sierra y otros sitios. Vibrantes unos, teñidos de melancolía y serena tristeza otros, se afanan por componer un mosaico de vivencias con las que aquellos que hayan vivido circunstancias parecidas a las que se narran se confabularán cariñosamente, y los que venimos de la ciudad y solo nos vamos al campo a pasear un ratito aprenderemos mucho y hasta puede que nos pase por la cabeza que hay algo muy importante en nuestras vidas que tal vez se nos haya perdido.

¡Qué fácil sería –como viejo zorro que es, el propio escritor ya lo menciona en uno de los fragmentos y se nos adelanta-– reducir este elenco de vivencias al socorrido tópico del «menosprecio de corte y alabanza de aldea». Al optar por centrarse en los episodios más infantiles, le rezuma al autor la felicidad –que acaso descubre ahora– de haber protagonizado, o simplemente advertido, las aventurillas y facecias que nos recrea. Otra cosa, sin embargo, es cuando el relato rememora vivencias ya más adentradas en su adolescencia o juventud (en realidad, muy pocas) en las que se hace perfectamente comprensible que se le levante un claro espíritu crítico frente a lo que nos está contando. No. En absoluto la vida del campo (y más en los agrestes y no siempre feraces territorios por donde transcurrió su infancia) se idealiza. No eran buenas tierras y fueron, sobre todo, malos, muy malos tiempos. Cuando el protagonista nace y, más que nada, empieza a ir madurando y adquiriendo conciencia de cuanto le rodea, andamos ya por los años del desarrollismo (que, dicho sea de paso, tampoco es que el mundo estrictamente rural que aquí se retrata percibiera satisfactoriamente), pero ahí está omnipresente, la permanencia de la situación heredada tras nuestra desdichada guerra civil, ominosamente patente en la vida rural de esa larguísima e inacabable posguerra, que Simón Viola rescata de la vida de sus padres y sus abuelos. Aunque tiene la honradez suficiente como para no cargar las tintas y el coraje de reconocer que, en realidad, la situación de su familia no llegó a los extremos de escasez de otros seres cercanos, tampoco rehúsa – insisto, sin regodearse en ello– adentrarse a veces por las paupérrimas condiciones de vida que, a ambos lados de La Raya (’Fronteras’ no es un título caprichoso) se vivieron durante esos tristes años.

Sale uno de esta agridulce evocación con el convencimiento casi pleno de que no es más que el primer capítulo de algo que intuimos –acaso deseamos– más extenso. No se nota en el autor un especial empeño en asegurar la pincelada, antes al contrario: más parece la acuarela que el óleo la técnica empleada para transmitir estas rememoraciones. Por eso confío en que sucesivas entregas acoten, concreten, más la perspectiva y prescindan (o se reafirmen en corregir) la única rémora que le encuentro a este rosario de enfervorecidas vivencias: la inane sustitución de la primera por la tercera persona a la hora de la narración, como si el narrador temiese la insoslayable identificación con el protagonista; algo que nada molestaría al lector, y que, es más, le ayudaría a compartir y disfrutar mejor este arcádico mundo que se le ofrenda.

 

Poemas en forma de música

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POEMAS EN FORMA DE MÚSICA

 

   Con ocasión del centenario del nacimiento de Manuel Pacheco (Olivenza, 1920), el ayuntamiento de Barcarrota, de donde era su madre, edita un CD coordinado por Francisco J. Pérez González, en el que han colaborado un gran número de personas: Luis Martínez Giraldo (autor de la obra Los tres poetas de Badajoz que ha cedido la imagen del modelado en barro para la carátula), Luis Alfonso Limpo y Manuel Pecellín. Con excepción de uno de los poemas (de Plácido Ramírez), los poemas musicados pertenecen al propio poeta. Su interpretación corre a cargo de cantantes como Nando Juglar, Luis Pastor, Juan A. Espinosa, Fermín García, Teresa Pérez, Luis Núñez y Manuel López, “Niño de la Rosa”.

El hombre que compró una nube

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EL HOMBRE QUE COMPRÓ UNA NUBE

 

José Antonio Ramírez Lozano

Zaragoza, Edelvives, 2020, 69 págs

Ilustraciones de Enrique Quevedo

 

   José Antonio Ramírez Lozano (Nogales, Badajoz, 1950) es autor de más de setenta obras en prosa y verso, premiadas muchas de ellas con galardones significativos (Azorín, Claudio Rodríguez, Juan Ramón Jiménez, José Hierro, Blas de Otero, Ricardo Molina o los extremeños Ciudad de Badajoz, Felipe Trigo o Cáceres de novela corta). Pero además de narrativa y poesía, Ramírez Lozano ha cultivado, también en prosa y verso, la literatura infantil y juvenil.

   Ahora, la editorial Edelvives publica El hombre que compró una nube una divertida narración infantil que arranca con el desconcierto de Marino Alonso al comprobar que tiene una nube en un ojo. Consigue que desaparezca pero la nube se queda en casa con ellos, beneficiosa a ratos (les riega  las macetas de la terraza cuando salen de viaje), y a ratos muy perjudicial cuando ocasiona desperfectos de tormentas de granizo. Finalmente deciden vendérsela a un agricultor de tierras de secano, pasaje que reproducimos a continuación. Como en títulos anteriores, la narración sobresale por el ingenio, el humor y una prosa cuidada y reconocible

 

 

   “Faustino Cuenda se fue para Monsalud más contento que un ocho. La nube lo seguía por la carretera a la misma velocidad del coche, en dirección contraria a la de las otras nubes. Una cosa así, tan extraña, puso en alerta a la Guardia Civil.

         -¿A dónde van ustedes con esa nube?

         -Acabo de comprarla, señor cabo. Y volvemos ya a Monsalud.

         -¿Y no se ha dado usted cuenta de que su nube circula en dirección contraria?

         -No, señor.

         -Con que no, ¿eh? Fíjese en las otras. –Le señaló el cielo con el índice-. Las nubes tienen también su camino y su velocidad. Son vehículos, al fin y al cabo.

         -Tiene usted razón, señor cabo. No había caído.

   En aquella ocasión no hubo multa. Faustino tuvo que dar un rodeo hasta el cruce de Villanueva de Merla y tomar la carretera 407 para ir así en la dirección del viento y despacio, a su velocidad. A veces se detenía para observar si lo seguía y que no errase la dirección. Pero no hubo manera. Ni el viento ni las demás nubes soplaban en su dirección.

         -Y dale, Faustino. Mira que nos van a poner una multa –lo amenazaba Luisa, su mujer.

         -¿Y qué hacemos?

         -Pues parar y esperar a que llegue la noche”. [pp. 33-35].

Sin pronunciar tu nombre

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SIN PRONUNCIAR TU NOMBRE

ANTOLOGÍA POÉTICA (1976-2015)

 

Santiago Castelo

Pontevedra, Ed. Urutau, col. Avis Rara, 2020, 131 págs.

Selección y prólogo de Carlos García Mera

 

 

   Graduado en Historia y Ciencias de la Música en la Universidad Autónoma de Madrid y máster en Crítica y Argumentación Filosófica, Carlos García Mera publicó su primer poemario en 2014, Acercanza(Beturia). Desde entonces, ha colaborado en antologías poéticas como Aire por Aire. A Santiago Castelo (Vberitas, 2015, coordinada por Juan Ricardo Montaña), Basta. Voces extremeñas contra la violencia de género(Diputación de Badajoz, 2018), o En el vuelo de la memoria. Antología para Ángel Campos Pámpano (Editora Regional, 2018). Recientemente, ha visto la luz en la Editora Regional de Extremadura El contorno del eco. Ha sido coordinador de la revista de la AEEX, El espejo, y colabora mensualmente en el diario digital CódigoPúblico.

   Ahora, la editorial gallega Urutau, en colaboración con la Residencia de Estudiantes de Madrid, publica una antología de Santiago Castelo (Granja de Torrehermosa, 1948 – Madrid, 2015), que recoge por primera vez composiciones de todos los libros publicados, desde Tierra en la carne (1976) hasta La sentencia(2015), quince poemarios que fueron apareciendo con regular periodicidad. Pero, además de estos títulos, su obra fue antologada en varias ocasiones: Como disponga el olvido(1986), al cuidado del profesor Juan Manuel Rozas, Antología extremeña(1995), preparada por Alejandro García Galán, y La huella del aire(2004), elaborada por Manuel Simón Viola. Ahora, Carlos García Mera entrega esta antología en que aparecen representados, como decimos, todos los libros del poeta granjeño, “un hombre –considera el prologuista- del que brotaba la amistad sin celo. Una avis rara en la vorágine de luchas e intereses egoístas en los que este mundo parece estar inmerso. Sus manos fueron una constelación de bendiciones duraderas, paternas y leales, acumuladoras de una generosidad incalculable […] En su mirada, clara y precisa, aún guardaba el recuerdo de su infancia en Granja de Torrermosa. Una niñez colmada de trigo y azaleas, de luz que brotaba de patios y jardines. Aquella realidad labriega, aquel trasunto mágico en el campo extremeño, lo acompañaría hasta el último de sus días” [Prólogo, p. 10].

   Reproducimos uno de los poemas incluidos en la antología perteneciente a Memorial de ausencias.

         CAMPOSANTO DE GRANJA

 

                            A la memoria de Manuel Machado

 

Nube, sierra, campo,

vida, sueño, muerte...

Cuando acabe todo

aquí está mi suerte.

Aquí bajo un viento

preñado de luces

con el eco tibio

de la serranía

aquí tengo un huerto

sembrado de cruces

y un ciprés de sombra

y melancolía...

 

Aquí lo más cierto

y lo más seguro...

Iré por la vida,

seré lo que sea.

Al final me queda

un ancho futuro

de habares y lilas,

de trigal y azalea...

Una rosa al aire

y un vencejo al vuelo...

Mi cuerpo en mi tierra

y mi risa al cielo.

 

Juego de ambiciones

echado a esta carta:

Un corto camino

y una estrella alta.

Nube, sierra, campo,

vida, sueño, muerte…

Cuando acabe todo

         aquí está mi suerte.

 


Día de las lenguas extremeñas

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 El pasado sábado la asociación OSCEC (Órgano de Seguimiento y Coordinación del Extremeño y su cultura) organizó en La Codosera el III Día de las Lenguas Extremeñas (los anteriores se celebraron en San Martín de Trevejo y Serradilla) con representantes de A fala (declarada Bien de interés cultural por la Junta de Extremadura), el extremeño y el portugués rayano. Con el apoyo de representantes de otras hablas minoritarias de Asturias, León, Valencia, Cataluña…, se presentaron al público publicaciones específicas, a la vez que se recitaron poemas  y se interpretaron canciones en las distintas modalidades lingüísticas.

Aquiles

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AQUILES

Marino González Montero

Mérida, de la luna libros. Col. Teatro, 2020, 106 págs.

 

   Fundador de la revista de creación La Luna de Mériday director de la editorial De la Luna Libros, Marino González Montero (Almaraz, 1963) es coautor del libro Puentes de Extremadura, de la edición ilustrada de La vida del Lazarillo de Tormes y autor de versiones de textos de Shakespeare (La tempestad), Plauto (Cásina, El Persa, Truculentus) y de Terencio. Como poeta, ha publicado Tangos extremeños (2006), Incógnita del tiempo y la velocidad(2014) y Un estanque de carpas amarillas (2015) que ahora ve la luz en la misma editorial emeritense. Como narrador, es autor de libros de relatos como En dos tiempos (finalista del premio Setenil al mejor libro de relatos publicado en 2004), Sedah Street (If  Ediciones, 2001), Diarios miedos (2009) y Sed (2011), ambos en la editorial De la Luna libros. En 2016 apareció Rollos y picotas de Extremadura (De la Luna libros) y en 2018 el poema épico dramático La bella Magalona.

   Relacionada con dos obras anteriores (Muerte por ausencia, 2017, y Laberinto, 2019), Aquiles se nos presenta como un poema épico-dramático que recrea uno de los más antiguos mitos de Occidente, el guerrero despiadado que ha preferido la muerte en combate a la inmortalidad, contemplado aquí, sin embargo, en su faceta humana más profunda, porque “han transcurrido casi diez años del asedio constante de la ciudad de Troya por parte de los ejércitos griegos. El principal y más destacado héroe de aquella contienda, el pélida Aquiles, el semidiós invencible en mil batallas, está cansado de una guerra de la que no se atisba fin alguno. Por eso inicia un proceso de ‘humanización’ en el que se rebela contra los dictados de los oráculos y comienza un camino que le llevará a la búsqueda de la belleza” [Texto de contraportada].

   Reproducimos un fragmento en que se despide de Patroclo, quien, vistiendo las armas de Aquiles, se dirige al combate (esto es, a la muerte a manos de Héctor).

 

PATROCLO: (Yéndose por la derecha.)

Las adivinaciones ya tuvieron su tiempo.

Hora es de levantarse y descuajar

las raíces

de todos los escritos.

No pido tu bendición pues no es

necesaria…

Tu armadura y tus caballos me bastan

para hacer temblar

las imponentes murallas de Troya.

 

AQUILES: (Lanzando una plegara por donde se ha ido Patroclo.)

Que Hera, la de los níveos brazos

cubra los campos de niebla lechosa

y el brazo de Patroclo

consiga anegar de sangre troyana

las riveras por donde fluye… ancho el Simoente

y lento el Escamandro…

(Aquiles, como ido, va hacia el mar y comprueba cómo se forma la tormenta en el horizonte.)

En días de tormenta

busca el sol la menor

rendija por el hueco más estrecho

para colar su luz

y hacernos sabedores

de su todopoderosa presencia.

(Al público.)

Ya no puedo soportar tanta muerte…

Soy acaso un hombre y solo…

como sola es la tarde

en que percibes en qué medida

las letras de mi nombre se escriben de dolor.

 

Oscuro total.

 

Rutas por La Codosera

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Fue un tibio y transparente día de otoño con compañeros senderistas que tuvieron la amabilidad de visitarme. Son antiguos alumnos y amigos: Paquí, Anabel, autora de la iniciativa, Jesús y Raquel, Teresa, Manuel. Visitamos algunos de los entornos de La Codosera que en estos días otoñales ofrecen un aspecto bellísimo: la alameda de las piscinas naturales del río Gévora, Valdecerillos, la ruta por la sierra de La Lamparona hasta la ermita de la Virgen de la Lapa (conocida durante años como la patrona de los contrabandistas) por un empinado sendero entre madroños, castaños y nogales, el puente que separa el Marco español del portugués, y las pinturas rupestres del Vale do Junco o Lapa dos Gaviões. Reparamos fuerzas en la brasería Portugal, junto a la Raya (bacalao dorado y a la brasa, escalope, carrilleras de cerdo con salsa de castañas…). Y una copa final en el Quinto Coño. Un día y unas imágenes para el recuerdo.

Carlos Reymán Güera y Luis Sáez Delgado

O Pelourinho

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O PELOURINHO

Boletín de Relaciones Transfronterizas

Estragos da Guerra. Refugiados espanhóis em Portugal durante a Guerra Civil e Pós-guerra inmediato. Solidariedade e vida na Raia.

Moisés Cayetano Rosado [Director]

Badajoz, Diputación Provincial, 2020, nº 24 (2ª época), 285 págs.

 

   Dirigido por Moisés Cayetano Rosado, el presente número de O Pelourinho viene a cerrar una trilogía centrada en las circunstancias vividas por los dos países durante las décadas marcadas por el paso lento y represivo de las dos dictaduras ibéricas: Exilio, Emigração e Repressão na Raia Luso-Espanhola / Exilio, emigración y represión en la Raya luso-española (nº 22, 2918) y Lugares da Repressão nas Ditaduras Ibéricas /Víctimas y lugares de la represión en las dictaduras ibéricas (nº 23, 2019).

   En la presente entrega, que se centra en analizar el destino de los exiliados españoles en Portugal que recibieron la solidaridad del pueblo portugués y fueron acosados sin tregua por todas las policías salazaristas, colaboran catorce estudiosos: Manuel Loff (“O drama dos refugiados e das populaçôes raianas”), Fábio Faria (“Refugiados em Portugal. Repressão e controlo no contexto da Guerra Civil de Espanha (1936-1939)”), Maria Fernanda Sande Candeias (“O outro lado da frontera –Memória de espaços, imagens e diálogos a propósito da Guerra Civil”), Dulce Simôes (“A construção da memoria pública dos refugiados da Guerra Civil española”), Luís Cunha (“A guerra tambén foi nossa: memorias raianas da Guerra Civil española”), Rui Rosado Vieira (“Refugiados da Guerra Civil de Espanha em Campo Maior”), Moisés Alexandre Antunes Lopes (“Refugiados espanhóis em Portugal  (1936-1938)”), Ángel Rodríguez Gallardo (“Exialiados y refugiados gallegos en Portugal desde la Guerra Civil española”), Carolina Henriques Pereira (“A presença de refugiados espanhóis nas Caldas da Rainha durante e após a Guerra Civil de Espanha (1936-1950)”), Clara Sanz Hernando (“La matanza de Badajoz en las crónicas portuguesas: sangre, fuego y censura”), Eduardo César (“A guerra dos espanhóis”), Paula Godinho (“Fronteira e cultura de orla: grupos sociais e mudança social  na frontera entre Chaves e Verin”) y Moisés Cayetano Rosado (“Refugiados españoles. Entre la tragedia y la solidaridad”).

   Reproducimos un fragmento del artículo de Fábio Faria que habla de los destinos de los republicanos españoles, alguno no tan lejano de la frontera con España.

 

   “A par do Forte de Caxias, o Forte da Graça e a Fortaleza de São Julião da Barra, em Lisboa, foram otros dos espaços que contaram com o encarceramento de um considerável número de refugiados republicanos. De acordo com César Oliveira, passaram por estes presídios, pelas delegações e prisões da PVDE e pelas unidades militares mais de 2000 refugiados espanhóis, a maioria dos quais eran militares e carabineiros. Ao longo de Agosto de 1936 verificou-se um aumento do número de espanhóis detidos no Forte de Caixas e em prisôes militares. Assim, a partir de 9 de Agosto, muitos dos militares republicanos que se encontravam em Portugal passaram a ficar detidos en Caixas e no Forte da Graça. Em setembro de 1936 encontravam-se detidos 136 refugiados espanhóis no Forte da Graça, o que, juntando aos 148 militares já existentes, perfazia um total de 284 prisioneiros. No entanto, a capacidade máxima dest presídio era de 200 presos. O problema de sobrelotação do Forte da Graça preocupou as autoridades portuguesas nos primeiros momentos da Guerra Civil de Espanha, sobretudo debido ao perigo que o regime salazarista acreditava que podía resultar do contacto dos refugiados espanhóis com os soldados portugueses”. [p. 51].

Eduardo Moga sobre Fronteras

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   Autor de una notable trayectoria poética, narrativa y crítica, Eduardo Moga (Barcelona, 1962) ha tenido la deferencia de reseñar Fronteras en su blog, Corónicas de Espania. Reproducimos el texto con su autorización.

    "Simón Viola (La Codosera, 1955) es bien conocido en Extremadura por su constante atención crítica a cuanto se publica en la región y también fuera de ella, fruto de la cual son algunos estudios relevantes sobre la literatura extremeña, como el monumental volumen II, dedicado a la narrativa, de Literatura en Extremadura. 1984-2009, o ediciones de referencia de Jarrapellejos, de Felipe Trigo, o de la obra poética de José Miguel Santiago Castelo, entre otras. Pero Simón Viola se acaba de estrenar también como narrador con Fronteras (Diputación Provincial de Badajoz, 2020), un libro colectivo y autobiográfico que recoge relatos sobre un trozo muy concreto del territorio extremeño, la Raya, esa franja entre España y Portugal por la que discurre la frontera más antigua de Europa, pero que es, a la vez, y paradójicamente, un lugar donde las fronteras —históricas, lingüísticas, culturales, sociales y económicas— se reblandecen y se vive en un saludable mestizaje, que alumbra lenguajes, costumbres y modos de vida particulares. He dicho que Fronteras es un libro colectivo —y este es un dato que hay que subrayar, por su rareza— porque, como Simón Viola señala en la nota prologal, algunos miembros de su familia —su padre, su hermana, responsable de dos textos, y su madre, autora de una pequeña biografía inédita— han contribuido al volumen con recuerdos o narraciones, lo cual condice con el sentido de comunidad, binacional y bilingüe, que la Raya ha propiciado históricamente. Y es autobiográfico por esa misma razón: porque lo relatado da cuenta de lo vivido por el autor y por sus familiares más cercanos en ese espacio entrecruzado y líquido. Fronteras, que podría quedarse en mero compendio de anécdotas o acercarse peligrosamente a la crónica costumbrista o, peor aún, al tratado sociológico, se lee, en cambio, como una novela. Simón Viola escribe felizmente, con buen pulso y sentido del ritmo, sin caer en tentaciones elegíacas o patrióticas, sin melancolía (o con una melancolía sutil, bien metabolizada). Por el contrario, en Fronteras predominan la descripción serena (Josep Pla decía que describir es más difícil que opinar, y tenía razón), el realismo sensato (es decir, no solo realista, sino también algo soñador) y, sobre todo, el humor. Muchas de las singularidades de este país fronterizo, tradicionalmente pobre, como el contrabando —acentuado en los peores años de la posguerra española, hasta el punto de convertirse en el modus vivendi de muchas familias— o el trasiego constante de trabajadores, de uno y otro lado de la frontera, en busca de un jornal, una oportunidad o una novia, dan pie a relatos bienhumorados, que se inspiran en la tradición picaresca y cuyo humor resulta especialmente meritorio por recaer en una realidad a la que no son ajenas las desgracias ni la miseria, lo cual lo hace a menudo negro; o quizá es que el humor en un reactivo adecuado para hacer digeribles esas asperezas. Fronteras destaca también por recoger el dialecto particular de la zona, en la que un castellano lleno de voces campesinas y sabrosos arcaísmos se enriquece con lusismos, que Simón Viola, con buen criterio, relaciona en un glosario al final del volumen. Este el principio de "Autarquía":

Tras las elecciones de febrero de 1936, ganadas en La Codosera por el Frente Popular, la Casa del Pueblo quedó instalada en el edificio de la iglesia, de donde los vecinos sacaron casi todas las imágenes, y se constituyó el primer ayuntamiento de izquierdas. En el reparto de cargos alguien, hablando en broma, reparó en que necesitaban un verdugo. Todos rieron la ocurrencia mientras otro propuso al tonto del pueblo para el puesto, lo que aumentó la algazara. El secretario, siguiendo la chanza, anotó su nombre. Fue todo muy divertido.

Meses más tarde, el pueblo fue tomado en la mañana del veintiséis de agosto de ese mismo año por un grupo de militares, carabineros y falangistas, que fusilaron en las tapias del cementerio a todos los políticos de izquierda que no habían huido. Entre ellos iba el tonto del pueblo con las manos atadas a la espalda, mirando estupefacto a unos y otros sin entender qué ocurría ("¿Onde é que vamos? A minha mâe está a minha espera"), completamente desconcertado (...).

El síndrome de Diógenes

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EL SÍNDROME DE DIÓGENES

Juan Ramón Santos

Sevilla, Fundación José Manuel Lara, 2020, 81 págs.

XXXIX Premio de Narración Corta Felipe Trigo

     Nacido en Plasencia en 1975, Juan Ramón Santos es Licenciado en Derecho y en Ciencias Políticas y autor de novelas, relatos y libros de poesía. Fue Fundador de la Asociación Cultural Alcancía, de Plasencia, y desde 2005 coordina con Nicanor Gil el Aula de Literatura “José Antonio Gabriel y Galán”. Desde 2015 ocupa la presidencia de de la Asociación de Escritores Extremeños y es, asimismo, el Coordinador de las Aulas literarias de la región. Como escritor, se dio a conocer con una compilación de textos breves titulada Cortometrajes(Editora Regional, 2004), al que siguieron El círculo de Viena (Gijón, Llibros de Pexe, 2005), Cuaderno escolar (Editora Regional, 2009), Palabras menores (De la Luna libros, 2011) y Perder el tiempo (De la Luna libros, 2017), además de colaborar en libros colectivos como Relatos relámpago(2007) y Por favor, sea breve (2009). Como poeta, ha publicado Cicerone (De la Luna libros, 2014) y Aire de familia(Sevilla, La isla de Siltolá, 2016). Asimismo, es autor de tres novelas: Biblia apócrifa de Aracia (Libros del Oeste, 2010), El tesoro de la isla(De la Luna libros, 2015) y El verano del endocrino (Baile del Sol, 2018). En la web web www.planvex.es, bajo el título “Con VE de libro”, mantiene una sección dedicada a la reseña y recomendación de lecturas.

   El síndrome de Diógenes es una novela corta que ganó el año pasado el premio de narración Felipe Trigo de su modalidad. Su trama arranca con la decisión del protagonista-narrador, un profesor de instituto, de perseguir a ladridos a las ancianas de la localidad en la que vive. Este comportamiento delirante lo convertirá en el corro de las habladurías de los vecinos, lo aleja de su hijo, el único eslabón que le une a un matrimonio roto y, en una deriva empecinada y funesta, es expulsado de trabajo y del entorno laboral para aislarse de todos (“opté por acudir sólo y solo por las tardes”) hasta aproximarse a un destino de perro callejero, un auténtico seguidor de Diógenes, que va a conocer, a través de una aplicación de móvil, a otros seres también cínicos que conciertan citas para mantener relaciones sexuales sin prolegómenos, auténticos apareamientos, en uno de los cuales, el protagonista morderá a un competidor y acabará en la cárcel (en donde conoceré otro destino canino, el de perro apaleado). La trama traza así una aventura existencial, la de un antihéroe del abandono, de la renuncia, pero también desde una perspectiva lúcida e ingeniosa y una prosa amplia y precisa contiene una denuncia social, pues es, al fin, su propio entorno (vecinal, familiar, laboral) el que lo condena al aislamiento.

   Emparentada con El verano del endocrino, la novela proclama su huella kafkiana (el desarrollo narrativo pormenorizado y lógico a partir de un episodio propio de la literatura del absurdo), su relación con la figura legendaria del filósofo griego (que ha pasado al título), pero también es posible encontrar otras huellas: la locura quijotesca del protagonista, la narración picaresca de El coloquio de los perros (en ambas, un perro relata en primera persona sus andanzas), en una obra que, de un lado, rezuma literatura por todos sus poros, y, de otro, se nos presenta como una narración profundamente original y reconocible de su universo narrativo.

   Reproducimos un fragmento que ofrece una singular simbiosis espacio/personaje, cuando el protagonista deambule, mientras pierde su condición humana, por los arrabales de una ciudad que pierde en ellos su condición urbana.

 

“… me dediqué a vagabundear por las calles, a explorar, sin objetivo alguno, la caótica cartografía de mi ciudad, labor que decidí comenzar por el extrarradio, pues cada vez me sentía menos cómodo por el centro. Allí me sabía observado. En unos casos, por mis antecedentes. En otros, por mi apariencia, cada vez más desaliñada, por mi barba, cada vez más larga, y por mis modales, cada vez más agrestes. Notaba que me miraba, que hablaban de mí en las esquinas, en las panaderías, en las terrazas de los bares, y aunque debería haberme dado igual, me fastidiaba. Por eso opté por alejarme todo lo posible del corazón de la vida ciudadana, unas veces echándome al monte con la mochila y una vara a modo de cayado, otras deambulando por barrios periféricos, dejados de la mano del Ayuntamiento, separados por páramos geométricos, abortos de urbanización sembrados de basura en los que conocí innumerables formas de marginalidad y de inmundicia y donde mis cada vez más frecuentes y marcados ademanes caninos pasaban casi inadvertidos, camuflados en el catálogo de rarezas propias de unos yermos cuyos únicos habitantes eran rastreadores de chatarra, absentistas escolares, individuos enjutos de turbios propósitos y dementes de diversa índole hundidos en sus sordas tribulaciones”. [pp. 50-51].

 

El misterio del gato negro

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EL MISTERIO DEL GATO NEGRO

  Beatriz Osés

Mérida, Editora Regional de Extremadura, Col. Tigres de papel, 2012, 89 págs.

Ilustraciones de Ester García

 

   Acaba de ver la luz en la Editora Regional de Extremadura(Col. Tigres de papel) la tercera edición de El misterio del gato negro, una narración infantil cuya aparición en 2012 reseñamos en este blog.




Cuentos extremeños

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 CUENTOS EXTREMEÑOS

 

Marciano Curiel Merchán

 

Mérida, Editora Regional de Extremadura, Serie Rescate, 2020, 515 págs.

Edición, introducción y notas de Pilar Montero Curiel y María Luisa Montero Curiel.

 

   Pilar Montero Curiel y María Luisa Montero Curiel son profesoras titulares de Lengua Española en el Departamento de Filología Hispánica y Lingüística General de la Universidad de Extremadura. Autora de artículos sobre dialectología española y de la monografía El extremeño, Pilar se doctoró en 1993 con un estudio sobre “El habla de Madroñera”, de donde proceden sus libros Vocabulario de Madroñera y El habla de Madroñera. María Luisa defendió su tesis doctoral en 1996 (“La prefijación negativa en español”) y ha publicado el libro La prefijación apreciativa en español.

   Nietas de Marciano Curiel Merchán (Garganta la Olla, 1892-Trujillo, 1947), ambas han editado conjuntamente el estudio El léxico animal del Cancionero de Baena y los libros de su abuelo, Cuentos extremeños (2006), Juegos infantiles de Extremadura(2012) y Fiestas extremeñas (2016).

   Ahora, la Editora Regional de Extremadura en su Serie Rescate publica Cuentos extremeños, una obra que había visto la luz en 1944 en el CSIC y tuvo otras dos ediciones en la región (1987 y 2006). La presente edición reúne 144 narraciones recogidas en lugares en los que Marciano Curiel impartió clases (varias localidades de Badajoz y Cáceres), pero de modo predominante en Madroñera y Trujillo.

   Reproducimos uno de los relatos

 

LAS TRES HERMANAS

 

   Un matrimonio tenía tres hijas mozas, casi del mismo tiempo.

   Un día fue el padre a una feria y las hijas le dijeron que les trajese alguna cosa. El padre, para darlas gusto, compró a la mayor un anillo, a la mediana unos zapatos y a la pequeña unos pendientes.

   El día que estrenaron estas cosas fueron los novios a verlas a su casa y sentados a la camilla, la hermana mayor, para lucir el anillo, sacó la mano, empezó a dar encima de la mesa con la mano abierta y diciendo:

        -Una araña, una araña.

        -Matarla con los zapatos como estos –decía la mediana para enseñar los suyos.

        -No, dejarla, dejarla –decía la pequeña, moviendo la cabeza para enseñar los pendientes.

   Y como se empezó, pues se acabó.

   

De Trujillo (Cáceres)

Lo dio Luisa Trejo.

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El oro de la sintaxis

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EL ORO DE LA SINTAXIS

 Eduardo Moga

Barcelona –Santiago de Chile, RIL Editores, 2020, 214 págs.

    Eduardo Moga (Barcelona, 1963) es autor de una notable y dilatada trayectoria poética que arranca con Ángel mortal (1994) y La luz oída («Premio Adonáis», 1996) y ha sido recogida en una antología reciente El corazón, la nada (Antología poética 1994-2014), con prólogo de Jordi Doce. En prosa, el escritor ha cultivado géneros como el libro de viajes, con títulos como La pasión de escribil (La isla de Siltolá, 2013) yEl mundo es ancho y diverso (Baile del sol, 2017), y los diarios: Corónicas de Ingalaterra. Un año en Londres (con algunas estancias en España) (La isla de Siltolá, 2015), Corónicas de Ingalaterra. Una visión crítica de Londres (Vasarek Ediciones, 2016). Esta trayectoria como creador ha ido acompasada de una tarea crítica que ha ejercido en revistas como Letras Libres, Cuadernos Hispanoamericanos, Revista de Occidente, Ínsula, Turia o Quimera y ha recogido en volúmenes como De asuntosliterarios (2004), Lecturas nómadas (2007), La poesía de Basilio Fernández: el esplendor y la amargura (2011), La disección de la rosa(2015), Apuntes de un español sobre poetas de América (y algunos otros sitios) (2017), Homo legens (2017) El sonido absoluto (2019) o la edición (fue codirector de la colección de poesía de DVD Ediciones desde 2003 hasta 2012).

   Como estos últimos títulos, El oro de la sintaxis reúne un conjunto de críticas, artículos, ensayos y prólogos que pasan a sí de unos contenedores de textos, dispersos y de vida azarosa (las revistas), a otro (el libro) más perdurable. Con una sólida formación filológica y un vasto caudal de lecturas, Moga no duda en mostrar sus simpatías (en este volumen, la poesía de Walt Whitman, cuyas Hojas de hierba tradujo para Galaxia Gutenberg en 2019) y sus antipatías (la poesía de la experiencia y sus herederos, interpoetas y poetanautas), pero su actitud como lector y crítico sobresale por la empatía con la que se acerca a escritores, predominantemente poetas, cuyas preferencias retóricas intuimos muy ajenas a las suyas, en unas composiciones que vienen a confirmar, de modo palmario, que un texto crítico deber ser ante todo “otro texto”, tan cuidado como uno de creación. Reproducimos un fragmento de una de las composiciones titulada “La (in)felicidad de los escritores”.

    “Algunos libros nos dan la felicidad; los mejores, mucha, si es que la felicidad puede medirse. Y, ante ese derroche de alegría y plenitud, de excitación y sosiego, pensamos que los autores han sabido compartir con nosotros lo que ellos sentían: que la han cocido en el horno de las palabras y nos la han entregado, caliente aún, recién salida de la conciencia. Se comprende. Es difícil leer el Quijote –pese a la mucha violencia que lo recorre, y que llevó a Navokov a aborrecerlo por su crueldad- sin experimentar una satisfacción que conmueve de arriba abajo y que no es descabellado identificar con la felicidad. Algo muy parecido pasa con los poemas de Antonio Machado o Walt Whitman. El español, aun melancólico o doliente, inspira una serenidad moral que asombra y ennoblece. El norteamericano, enumerativo, desordenado, canta al mundo y al hombre que nace, y proclama, con alborozo, la grandeza de ser. Los ejemplos podrían multiplicarse. Y, sin embargo, esa felicidad no ha sido objeto de transmisión, ni siquiera de transformación, sino propiamente, de invención. Esa felicidad no estaba en la persona del autor, sino en el alambique imprevisible de sus necesidades y sus circunstancias. Las personas felices no escriben: se limitan a disfrutar de su felicidad. A las que hacen literatura, en cambio, siempre les falta algo. Los escritores son, sin excepción –por normales que parezcan, aunque pocos lo parecen- gente enferma: enferma de dolores muy materiales, de esos que aquejan igualmente a los fontaneros y los actuarios de seguros, pero también, y sobre todo, de ansias de ser otro, de ser más, de ser siempre”. [p. 267].