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Blog de Simón Viola
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  • 08/19/19--11:07: Prospect Park

  • PROSPECT PARK
    Diarios, 2014-2015


    Sevilla, Editorial Renacimiento, Biblioteca de la Memoria, 2019, 241 págs.


       Nacido en Toledo en 1948, Hilario Barrerovive en Nueva York desde 1978, en cuya universidad se doctoró con una tesis sobre Félix Urabayen y en donde hasta su reciente jubilación ha dado clases de lengua y literatura españolas. Autor de los libros de poemas In tempori belli (1999, premio de poesía “Gastón Baquero”), Agua y Humo (Cuadernos de Humo, 2010), Libro de familia(Cáceres, 2011), Tinta china (Cylea Ediciones, 2014) y Eduación nocturna (Renacimiento, 2017) ha publicado hasta ahora los diarios Las estaciones del día (2003), De amores y temores (2005) y Días de Brooklyn (2007), todos ellos en la editorial asturiana Llibros del pexe. Más tarde aparecieron Dirección Brooklyn (Universos, 2009), Brooklyn en blanco y negro(Mieres, 2009), NuevaYork a diario (Impronta, 2013) y De Prospect Park a Zocodover (Nueva York, Cuadernos de Humo, 2015) y Diarios (La isla de Siltolá, 2015).

       Pero Hilario Barrero es autor asimismo de traducciones de autores como Jane Kenyon (Otherwise.The poetry of Jane Kenyon, Pre-textos, 2007), Ted Kooser (Delights and Shadows (Pre-textos, 2009), Henry James (El amante de Italia, Grand Tour, 2009), ademas de editor de una antología bilingüe de autores ingleses y americanos titulada Lengua de madera. Antología de poesía breve en inglés (La isla de Siltolá, 2011) y de La esperanza es una cosa con alas, de Emily Dickinson  (2017), Luces y sombras y otros poemas de Nueva York, de Sara Teasdale (2018) y A quien pueda interesar. Antología de poesía en inglés (2018). En la actualidad, dirige la revista Cuadernos de humo.

       Ahora, la editorial sevillana Renacimiento publica su último diario, Pospect Park, que recoge entradas de los años 2014 y 2015. Como en diarios anteriores, acompañamos en estas páginas al escritor en su vida cotidiana en la gran ciudad, como profesor universitario que está a punto de despedirse de su tarea docente, como hombre que se ve empujado al declive de la vejez, que vive el presente acompañado por los recuerdos de su niñez toledana. Si al modo de Jorge Guillén, distinguiéramos en las entradas entre las “fuerzas positivas” y el “coro”, entre las primeras habría que incluir los paseos por calles y parques, la asistencia a exposiciones y conciertos, la reflexión sobre la propia creación litería, sobre los entresijos de la traducción, la contemplación de los paisajes urbanos de la ciudad en las distintas estaciones del año (las vastas nevadas, el frío intensísimo, la defoliación otoñal de los parques…), la amistad, las relaciones laborales (no todas amistosas), el amor como un refugio fiel, los recuerdos de su niñez y su adolescencia en Toledo (la belleza de la liturgia de las festividades religiosas y los amargos recuerdos de una educación coercitiva en una ciudad que acunó su niñez pero, a la vez, acabaría expulsándolo), los viajes a España (Toledo, Gijón, Oviedo)… Al “coro” pertenecen el abandono obligado de sus libros, los numerosos fallecimientos de amigos y seres queridos, las revisiones médicas periódicas y la amenaza cierta de la vejez, convertida en motivo de numerosas entradas: “Un viejo está hecho de enlaces, un viejo tiene faltas de ortografía en la razón, sangres mezcladas, camisas llenas de arrugas y un olor a leche cortada y agria. Ser viejo es ir hacia el abismo, hundirse en las tinieblas, dejar de oír los cantos de sirenas, saberse invisible, cristal empañado de una niebla espesa y grasienta”.
       “Escribir un diario -afirma el escritor- es formular la existencia humana en términos literarios porque la vida es el cuento de nunca acabar”. Los de Hilario Barrero nos entregan, una vez más, una imagen ya familiar para sus lectores, la de un hombre movido por los más nobles impulsos, protagonista de una vida de hábitos reiterados, pero en modo alguno repetitiva: “en Hilario Barrero todos los caminos llevan al asombro y a la melancolía como en Brooklyn todos los caminos llevan a Prospect Park. Hilario Barrero es un caminante con los ojos muy abiertos hacia adentro y hacia afuera. Nada escapa a su curiosidad y por eso nunca deja de sorprendernos y nunca nos cansamos de leerle” (García Martín, J. L. Nota de contraportada). Su  prosa, desde las primeras entregas, ha ido refinándose hasta el punto de que sus textos permitirían en ocasiones su reproducción en verso (“La nieve, como un sastre aplicado, ha trazado con el jaboncillo blanco, en las junturas de las aceras, delicados pespuntes que la tijera del sol, en su momento, convertirá en agua”, p. 14); en otras se aproxima al perfil de las greguerías: “Las lágrimas de la lluvia se columpian en el pañuelo del alambre bordando iniciales líquidas”. Reproducimos la entrada correspondiente al 31 de mayo de 2015.

     

      
       DOMINGO, 31. Según habían anunciado a las seis, con puntualidad real, unas nubes comienzan a envolver la vista de Manhattan. Avanzan lentas y va cayendo un telón de acero que cubre las antenas de los altos edificios, cruza los puentes, camina entre avenidas, pone visillos a miles de ventanas y, de pronto, la ciudad desaparece. Caen las primeras gotas. Comienza a oler a tierra mojada y las primeras sirenas de ambulancias y bomberos chillan a través de la lluvia. Pasa gente corriendo, un arroyo de agua sucia baja atropellado hasta el desagüe que está atascado de ramas y cartones. Crece un charco que cubre la calle. Los truenos se repiten y la oscuridad hace que la tarde sea noche. Huele el aire a incienso. El vendaval empuja la lluvia como si fuera una bandada de pájaros. De pronto, a lo lejos, tímidamente, aparece una luz como de hojalata, metálica y casi de Sorolla. La oscuridad se evapora y la lluvia descansa. La calle vuelve a llenarse de ruido. El charco de agua negra y sucia desaparece tragado por el drenaje de la calle. Se oyen lejanos, como el ronroneo de un enorme gato, los truenos. Uno que ha estado acompañando la tormenta desde la terraza, entra a la casa con la mirada llena de lluvia y un temblor de sombra mojada. Nota que las secas hojas de eucalipto cargadas de polvo y de tiempo, que duermen en un florero de cristal azul, desprenden un perfume como si hubieran sido recién cortadas. La fuerza de la lluvia les ha dado, momentáneamente, vida. Huele la casa a soledad boscosa. Comienza el acero a deshacerse y deja ver, a lo lejos, la armadura gris de Manhattan” [pp. 175-176].



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  • 08/20/19--04:59: Imágenes


  • Imágenes


       Pasa estos días de julio en Valdecerillos, la casa de sus abuelos maternos. Ha sacado una tumbona a la terraza de pizarra frente a la fachada de la vivienda y mientras vigila el riego de los aspersores continúa la lectura de una novela recién aparecida, Mañana sin falta, de Justo Vila, que traza la andadura de una familia zarandeada por la historia, por la tiranía del poder político y las acechanzas depredadoras de los poderes económicos. En una torre que acaba de comprar suena Camarón de la isla y su Leyenda del tiempo: “yo no sé quién soy / ni lo pretendiera”, una respuesta a una pregunta que él no suele hacerse.

       Recuerda entonces el comentario de Rafael Sánchez Ferlosio a la máxima o aforismo “Conócete a ti mismo” atribuida a Heráclito (y a Quilón de Esparta, Sócrates, Pitágoras…): “Sí, hombre, como si no hubiese cosas más interesantes que conocer”. Piensa que él está más próximo a este lema, que tal vez baste un somero conocimiento de uno mismo, como si su vida respondiera a la encarnación de un gesto. Pero, ¿puede reducirse una vida humana a un ademán, a un gesto escultórico detenido en el tiempo, como Nietzsche abrazando al caballo castigado por su dueño, como Rosa Parks negándose a ceder su asiento a un hombre blanco en un tranvía de Montgomery?

       Si piensa en su abuelo paterno, ese gesto sería un puño levantado hacia el cielo y un grito: “¡Deus, Deus!” (es una luminosa madrugada de abril, sin una sola nube en el cielo, y la sequía está arruinando la cosecha). De su abuela materna, enferma de Parkinson, también recuerda un gesto de sus manos: tiene asida una taza de loza con solo un poco de café en el fondo y a pesar de eso vierte parte de su contenido. Dice de sí misma con una sonrisa que tiene los ojos del color das coves (son intensamente azules) y que su hijo Angelito nació por el tiempo de los membrillos. De su abuela materna le han referido su espíritu de lucha y de resistencia cuando, tras perder a su marido, tuvo que sacar adelante a tres hijos pequeños y atender un patrimonio que por aquel tiempo gestionaban los hombres. De su madre, tiene un recuerdo infantil que ella le ha contado en varias ocasiones. Cuando la familia fue evacuada de la campiña en el verano del 36, su madre llora acariciando a la gata diciéndole: “Penda, penda, tu é a que pagas, que venhen os fascistas e máten-te” (y entonces su madre la reprendía: “los fascistas no matan gatos”). A su abuelo Simón no llegó a conocerlo: murió en 1944, a los cincuenta años, once de nacer él.

       ¿Y su padre? ¿A qué gesto quedaría asociado?

       Su madre y su hermana conservan numerosas fotografías familiares, vídeos e incluso grabaciones con su voz. De todos estos documentos, los más valiosos son, claro, los más antiguos: viejas fotografías en blanco y negro de su padre en la cama de un hospital con el brazo derecho escayolado apoyado en la rodilla (en unos ejercicios militares reventó el proyectil de un obús y recibió una herida en el brazo derecho que le fue compensada con una visita de sus jefes al hospital y un mes de permiso), con su madre el día de la boda, al frente de la comitiva de invitados, vestido vagamente de gaucho en un ambiente de feria, con el abuelo y todos sus hermanos, con toda la familia en el patio de casa…

       Pero junto a estos documentos conservados en distintos soportes (papel, cintas de audio y de vídeo) él también guarda un pequeño álbum de imágenes que captan instantes congelados en el tiempo y que vivirán con él hasta que la muerte o una inhumana enfermedad le borre la memoria. He aquí algunas:

       En una tarde calma, junto a un montón de trigo, su padre se apoya con los antebrazos en el filo de una pala de madera y silba mirando al sol de poniente llamando al viento; esto es, imitando su sonido, mientras dice: “Esto ya lo hacían los antiguos”. Expresiones suyas, muy repetidas eran “¡Malagueña, malagueña!” para expresar contrariedad (cuando una tuerca, por ejemplo, se resistía a una llave inglesa), “esto es una república” ante cualquier desorganización (el DEL aún conserva para la palabra “república” en su sexta acepción el significado de “lugar donde reina el desorden”) o enunciados que él interpretaba a duras penas por el contexto: “Por esa barrera, suay, suay”. Mucho más tarde encontró esta expresión en un libro, El desastre de Annual, de Ricardo Fernández de la Reguera con el significado “despacio, despacio” (una palabra magrebí que debió entrar con los soldados españoles enviados al Rif).

       A veces proponía las adivinanzas que recordaba de su juventud: “-¿Dónde vas, pastor de las veinte ovejas? “Veinte, no; con estas, otras tantas como estas y la mitad de estas irían veinte”.  Le agradaba repetir el estribillo de un cuento en que un español lleva en una mula una banasta llena de ratas y anuncia la mercancía por las calles de Lisboa: “Ratos, ratas, brancos, pretas, maritetas, pardas, lombardas, canas, galanas, de todas as maneras que o senhor as quera”. Era muy amigo de repetir sus sentencias preferidas, unas morales,  “hay que dejar un buen barbecho”, “para que te crean hay que tener la liebre cogida por las orejas”, “hasta un grillo se escucha”, “hay que hacer las cosas con jeito”, otras pragmáticas: “por mucho trigo nunca es mal año”, otras humorísticas: “la labor no quiere miserias (y estaba labrando con un cuerno al que había uncido una collera de gatos)”, “en casa no debe haber ni vieja ni candil, la vieja por lo que gruñe y el candil por lo que gasta”. Próximas a ellas, se encontraban los refranes: “más vale una traspuesta que dos asomás”, “paso de buey, ojo de lince, diente de lobo y hacerse el bobo”, “el día de Santa Catalina sube el aceite a la oliva”, “casa en la que vivas, viña de la que bebas, y tierras cuantas veas y puedas, “cuando las palomas torcaces vuelan bajas agua segura”, pero señal más cierta, añadía socarrón, es cuando le sudan los cuernos a las vacas.

       Al amanecer lo llamaba diciendo: “levántate, rapaz, que uno por mucho madrugar se encontró un costal” (la respuesta correcta era: “más madrugó el que lo perdió”). Tarareaba con picardía, que él no podía captar, una quadra portuguesa: “A otra noite sonhei eu / con a minha prima Teresa / y à manha cuando acordei / ainda tinha a vela acesa” y en cierta ocasión, tras un agotador día de caza, cansados y sin una sola pieza, su padre invita a su madre exhausta: “Siéntate aquí, prenda mía, / tú en una piedra y yo en otra, / a contar nuestras desgracias, / que nuestra fortuna es poca”.

       Hay un rasgo que comparten con frecuencia las manifestaciones literarias culta y popular consistente en eludir el objeto o la noción que pretenden comunicar para dejar la tarea de desvelarla al lector. En las adivinanzas populares esa palabra oculta es la solución; es decir, el corazón del poemilla, de modo que la cebolla se esconde tras su propia definición: "En el campo me crié, / atada con verdes lazos, / y aquel que llora por mí / me está partiendo en pedazos". 
       En la literatura culta, los escritores alcanzan resultados que parecen opuestos, pero el mecanismo es similar, de modo que Miguel Hernández, al describir una palmera, puede ocultarla de este modo: "Resuelta en claustro, viento esbelto pace, / oasis de beldad a toda vela /con gargantillas de oro en la garganta”. Por caminos distintos han llegado a una misma intuición: el poder de una noción oculta, de una palabra que deba revelar el lector, es superior al de una palabra expresa, algo que Borges llamó “la fuerza poderosa de lo innombrado”. Precisamente, en un relato del escritor argentino (“El jardín de los senderos que se bifurcan”), un personaje, Stephen Albert, pregunta a un desconocido que lo visita (y lo asesinará): “En una adivinanza cuyo tema es el ajedrez, ¿cuál es la única palabra prohibida?’. El visitante reflexionó un momento y repuso: ‘La palabra ajedrez”.

        También él he dejado entre líneas esa “voluntaria omisión” convencido de que si esa palabra, que no aparece escrita por él en ninguna de las páginas de este libro, no es desvelada por el lector de nada servirá que la exprese construyendo con ella un triste lugar común. Así las cosas, quiere cerrar esta entrada con una cita que ya ha usado en alguna otra ocasión, porque, entre otras razones, tampoco contiene esa palabra. Pertenece a José Moreno Villa, quien la utilizó para definir la personalidad de otro extremeño, Enrique Díez-Canedo, y que, creo, bien puede definir asimismo la trayectoria de su padre: “Fue jovial, animoso y poeta, jugó limpio, vivió en impecable lealtad y ponderación, no dejó un solo enemigo”.



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  • 08/26/19--04:14: Ahora

  • AHORA


    José Antonio Zambrano

    Valencia, Ed. Pre-Textos, Col. La Cruz del Sur, 2019, 71 págs.

    Prólogo de Luciano Feria


       Reconocida su trayectoria poética con premios como el Ciudad de Badajoz (1989), el premio Constitución (1993) o el premio Extremadura a la Creación (2010), José Antonio Zambrano(Fuente del Maestre, 1946) ha sido incluido en todas las recopilaciones antológicas elaboradas en la región desde la ya lejana Poesía extremeña actual de 1977. Desde entonces ha ido entregando con una sostenida regularidad sus poemarios: Canciones y otros recuerdos(1980), Sonetos (1982), El libro de las murmuraciones (1984), Poemas de la espera y el canto (1984), Pavana para una voz y musas (1985), Coplas de la bella Edinda (1987), El rostro conocido (1989), Como una presunción (1994), Diario de los sitios (1995), La mitad del sueño (1999), Después de la noche (2000), la antología Poesía (1980-2000) al cuidado de Miguel Ángel Lama, Amor mío, la vida (2003), Las orillas del agua (2003), Soleares. A cantar las doce (24), Treinta minutos de libertad (2006), Apócrifos de marzo (2009), Tonás de los espejos (2013) y Lo que dejó la lluvia (2014).

       Su último libro, aparecido en la editorial valenciana Pre-Textos, es Ahora, con un prólogo de Luciano Feria titulado “Vivir simplemente. Dialéctica de la poesía en José Antonio Zambrano”, en el que el escritor segedano considera sobre su tarea poética: “De las muchas dimensiones conceptuales y emotivas que han sostenido la batalla dialéctica de José Antonio Zambrano, por ejemplo, la contienda entre el deleite de la palabra y la tortura de su consecución, o entre la luminosidad de reavivar los rescoldos del tiempo y el espejismo último de una experiencia así, la artística, tal vez a la postre inútil, personalmente yo destacaría como trascendental en sus zozobras la que han entablado poesía y vida, pasado y presente, como binomios colosales que han incendiado el alma del poeta durante estos años”. Su última entrega, “Ahora, es el intento y la realización por parte del poeta de vivir con la máxima plenitud el tiempo presente sin renunciar a la llamada contradictoria, agridulce, de la escritura”.

       Reproducimos una de las composiciones del libro.


    TARDES DE ABRIL


    Y ahora

    disculpad esta presencia,

    la mía,

    la que no dice nada de sus culpas

    como si no existieran

    después de lavarlas

    en el fondo de un río.


    Bien sé

    que lo que guardan los ojos

    no sirve,

    y que la nobleza no está en callar

    y sí en las palabras que la salvan:

    las usadas por un sol recién nacido

    que nunca buscaron su rendición,

    más bien se enaltecieron

    ante el olor de su víspera.


    Ahora

    sobre lo raído

    de un convencimiento,

    caben algunas tardes de abril

    distintas de otras veces.



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  • 08/28/19--00:27: Mirándonos


  • MIRÁNDONOS

    Leernos, musicalizarnos, interpretarnos

    Hermanamiento poético-musical entre creadores extremeños y antioqueños


    Selección, introducción y notas bibliográficas de Antonio María Flórez

    ACEM (Asociación Colombo-Española de Manizales), 2019, 122 págs.


       Mirándonos es el título del último proyecto colectivo del escritor hispano-colombiano Antonio María Flórez, que involucra a creadores de distintas áreas (poetas, artistas visuales, cantantes y músicos) con el objetivo de aproximar la cultura colombiana y española, una tarea que el autor inicia a fines de la década de los ochenta con la creación de la Asociación Colombo-Española de Manizales, la puesta en marcha de la Semana de España en Manizales, la publicación de una revista (Aurocarbónica) y la difusión de nombres de la literatura extremeña en diversas publicaciones colectivas como revistas académicas y suplementos culturales (Hipsipila, Papel Salmón, suplemento del periódico La Patria…). En 1999, el Fondo de Publicaciones del Ayuntamiento de Don Benito publicó Estrechando círculos, una antología de relatos en que colaboraron narradores extremeños y caldenses (el volumen fue presentado en Don Benito, en Bogotá y en Manizales). En 2009, en la colección "Letras americanas" de la Editora Regional de Extremadura, Antonio María Flórez publicó Transmutaciones, una antología de literatura colombiana actual que recogía obras de Adalberto Agudelo Duque, Triunfo Arciniciegas, Octavio Escobar Giraldo, Orlando Mejía Rivera y Andrea Cote Botero.

      En septiembre de 2016 varios escritores extremeños fueron invitados a la Feria del Libro de Manizales y, días después, un numeroso grupo de creadores de la región (escritores, editores, historiadores, representantes políticos, músicos, directores de cine, cocineros) acudieron a la Fiesta del Libro y de la Cultura de la ciudad de Medellín a la que Extremadura había sido invitada. Por el pabellón, en el Patio de las Azaleas, que incluía dos exposiciones fotográficas y una amplia muestra bibliográfica de autores extremeños (regalada posteriormente a las bibliotecas de la ciudad) pasaron unas sesenta mil personas a lo largo de la Fiesta.

       Compartiendo este mismo propósito de aproximación entre las dos naciones, ve la luz ahora este librito que recoge composiciones de autores de la Comunidad de Extremadura y del departamento de Antioquia musicadas por Mamen Navia y Juan María García. Por el lado antioqueño colaboran Piedad Bonnett, Jaime Jaramillo Escobar, Juan Manuel Roca, Lucía Estrada, Juan Felipe Robledo y Maruja Vieira. Los colaboradores extremeños sonBasilio Sánchez, Álvaro Valverde, María José Flores, Irene Sánchez Carrón, Efi Cubero, María Rosa Vicente y Antonio María Flórez.

       El libro recoge también muestras de artistas visuales como Antonio Gómez, Paco Señor, Tulio Restrepo, Claudia Hincapié, y cuenta con la colaboración especial del fotógrafo Daniel Mordzinski.

       Reproducimos tres poemas, de Antonio María Flórez (editor del libro y autor de las imágenes), Álvaro Valverde y Juan Manuel Roca.








    Mirándonos se presentará el día 12 de septiembre en la ciudad de Medellín (Colombia) en la sala Restrepo del Jardín Botánico.


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    MARQUETALIA, TUS HIJOS TE DECIMOS


    Antonio María Flórez

    Don Benito, ACEM, Col La cigüeña de cristal 2019, 62 págs.

    Preliminar del autor


       Hijo de madre extremeña y padre colombiano, Antonio María Flórez (Don Benito, 1969) pasa su infancia en Marquetalia (Colombia), pero recibe su formación académica de grado medio en los centros docentes de Don Benito. Circunstancias biográficas posteriores le han llevado a alternar estancias en Colombia y España, lo que lo ha convertido en privilegiado testigo del panorama cultural de los dos países.

       Además de varios ensayos (como Dalí. El arte de escandalizar, 2004 o Transmutaciones. Literatura colombiana actual, 2009) y numerosas colaboraciones en obras colectivas (antologías de cuento y de poesía, revistas…) ha publicado hasta el momento los siguientes libros de poesía, galardonados con premios de reconocido prestigio: El círculo cuadrado (1987), En cámara lenta, junto con el escritor Flobert Zapata (1989), Epigolatría (1993), ZOO (poemillas de amor antiecológicos) (1993), El bar de las cuatro rosas (1995) y Antes del regreso (1997).

    A este libro le siguieron títulos como El arte de torear (2002),  Desplazados del paraíso (premio nacional de poesía “Ciudad de Bogotá” de 2003, publicado ese año en Colombia y luego en España en 2006), Marquetalia (Un pueblo que rabia) (2003), Corazón de piedra (2011), Tauromaquia (Antología Trema)(2011), Bajo tus pies la ciudad (2012), Sabe que su mirada (2014), La muerte de Manolete. Crónica en escena (Don Benito, 2014), En las fronteras del miedo (2013, finalista del premio nacional de poesía del Ministerio de Cultura de 2015) y Sueños eróticos de un adolescente empedernido(2016).

       Como narrador, ha publicado sus relatos en antologías como Cuento caldense actual (1992), Estrechando círculos (1999), La narración corta en Extremadura (2000) y Ficciones (2001). En 2018, la editorial De la Luna libros publicó un volumen de relatos, Desde entonces vivo para el dolor

       Ahora la Asociación Colombo-Española de Manizales publica en la colección La Cigüeña de Cristal Marquetalia, tus hijos te decimos, un breve poemario con composiciones que tienen como referente la ciudad de Marquetalia, en el departamento de Caldas, tan unida a la vida del poeta, “famosa por sus leyendas indígenas, por su gesta fundacional, por su oro, su café; pero también por sus avatares políticos, sus desplazamientos y sus tragedias; es la síntesis pertinaz y simbólica de la historia nacional” [Nota de contraportada].

       Reproducimos uno de los poemas.



    ¿Este es mi pueblo?


    ¿Este es mi pueblo?

    ¿Esta es mi patria?

    No. Me resisto a aceptar

    que esta porfía de odio,

    de pendencias y rencores,

    sean mi pueblo y mi patria.


       No. La vida es otra cosa:

    eran aquellas nubes

    que vagaban perezosas

    por el cielo diáfano y azul

    de mi lejana infancia,

    eran los pájaros y trinos

    que adornaban el verde esmeraldado

    de los campos florecidos de mayo,

    eran las calles polvorientas

    pobladas de hermosas muchachas,

    de ancianos recordantes

    y niños soñadores.


    No. La vida es otra cosa:

    es levantarse al alba

    y descubrir el vigor

    de los días que nacen,

    es caminar la mañana sin prisa

    y ver cómo la luz del sol

    se desliza radiante por el agua calma,

    es llegar al ocaso

    con la sonrisa amplia,

    un beso en los labios

    y miles de abrazos en el alma;

    es llegar a la noche

    con los sueños intactos,

    la palabra plena

    y el corazón gozoso,

    cantando orgulloso

    el claro nombre en paz

    de mi pueblo y mi patria.



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  • 09/10/19--04:20: Esencia


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       El pasado domingo, día ocho de septiembre, se celebró en la Plaza de España de Don Benito el acto conmemorativo del Día de Extremadura con la asistencia al mismo de las autoridades de la Corporación Municipal. Tras la intervención de Luis María Gómez Canseco, Catedrático de Literatura de la Universidad de Huelva, se procedió al izado de banderas al tiempo que la Banda Municipal de Música de Don Benito interpretaba los correspondientes himnos: las atleta Raquel Gómez Martín izó la bandera de España; Francisco Javier Fernández Martín y Amalia Sánchez-Miranda Cabanillas, del Club Acuarun, la de Don Benito, y Marisa Sánchez Barbero, presidenta de AMAL (Amigos y Amigas del Pueblo Saharaui), la de Extremadura. El himo de la región fue interpretado por Jesús de la Elía.
      







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    SOBRE LOS HUESOS DE LOS MUERTOS


    Madrid, Ed. Siruela, 2016, 240 págs.


       He releído la novela más conocida de Olga Nawoja Tokarczuk (Sulechow, Polonia, 1962), poeta, ensayista, y narradora que acaba de recibir, por toda su trayectoria, el premio Nobel de Literatura de 2018. Esta segunda lectura me ha venido a confirmar que la novela (a diferencia de la mayor parte de las de su género, la novela negra) no pierde nada en una segunda lectura, puesto que su mayor interés no es de índole lúdica (la elucidación de un enigma). Es verdad que recurre a la estructura de una novela negra que dota a la trama de una tensión indeclinable: hay una serie de muertes violentas y una investigación policial, todo ello narrado por una anciana que, según todos los indicios, parece ajena a los hechos, aunque no a la investigación

       Gran parte del intenso atractivo de esta novela procede de la personalidad de la protagonista y narradora. Janina Duszejko es una anciana que vive en las afueras de una pequeña aldea polaca en la frontera con Chekia. Fue ingeniera y construyó puentes en Siria hasta que sus dolencias la obligaron a regresar a Polonia y dar clases de inglés a chicos de corta edad al tiempo que dedica sus horas a realizar análisis astrológicos de sus conocidos siempre que consigue conocer la fecha y la hora de nacimiento. También cuida de las casas rurales cuyos propietarios solo pasan en ellas los meses de verano y recibe la visita de su amigo Dioni con el que discute sobre la mejor traducción de los poemas de William Blake (a quien pertenece el verso que da título a la narración). Con la oposición de la policía, que la considera una vieja chiflada, la anciana se involucra en la investigación. ¿Quién ha asesinado a unos hombres (un cazador furtivo, un empresario, el comandante del puesto de policía, un sacerdote…) que parecen tener tan poco en común?, ¿Tienen alguna base las elucubraciones de la anciana, rechazadas por la policía, sobre una venganza de la propia naturaleza por las agresiones que los hombres, especialmente, los cazadores, cometen contra ella?

       Finalmente, descubriremos la solución, que, como es propio del género, será a la vez sorprendente y verosímil. Pero, insisto, la peripecia policial es lo más fungible. Quedan, por el contrario, en la memoria la altísima calidad literaria de la prosa a la vez que la defensa radical de la naturaleza o la sagacidad para interpretar los comportamientos humanos, como sucede en los siguientes pasajes:


       Los clichés lingüísticos.


        “Yo tenía mi propia teoría al respecto de esas muletillas: todas las personas tienen un vocablo que utilizan en exceso o de forma inapropiada. Esa palabra es la llave de su pensamiento. Así, teníamos al señor ‘Aparentemente’, al señor ‘Generalmente’. A la señora ‘Probablemente’. Al señor ‘Joder’, a la señora ‘¿O no?’. Al señor ‘Como si’- El presidente era el señor ‘Verdad’ […] Yo no podía dejar de pensar que quien abusa de la palabra ‘verdad’ miente”.


       La repugnante celebración del día de los cazadores.


       “Apenas me había puesto en camino recordé que aquel día era el tres de noviembre y que en la ciudad estarían celebrando la fiesta de san Huberto [patrón de los cazadores]. Siempre que se organiza algún acto infame, de los primeros que se echa mano es de los niños. Recuerdo que nos enredaban de la misma manera en el desfile del primero de mayo”.


       Reproducimos un tercer fragmento en que se narra la llegada del invierno


       “El invierno empieza inmediatamente después de la fiesta de Todos los Santos. Así son las cosas aquí: el otoño recogía sus pertenencias, se sacudía las hojas, ya no las iba a necesitar, las barría bajo los linderos, le arrancaba los colores a la hierba hasta que se volvía grisácea y difusa. Después todo era negro sobre blanco y la nieve caía sobre los campos labrados.

             -Guía tu arado sobre los huesos de los muertos –repetí las palabras de Blake, no muy segura de que citaba correctamente el verso.

       Estaba de pie junto a la ventana y observaba los rápidos preparativos de la naturaleza hasta que cayó la noche y el desfile del invierno tuvo lugar a oscuras. Por la mañana saqué la cazadora de plumas, aquella roja, la de Buena Nueva, y los gorros de lana.

       En los cristales de mi Samurai apareció la escarcha, todavía joven, muy fina y delicada, como un hongo cósmico. Dos días después del Día de Muertos fui a la ciudad con la intención de visitar a Buena Nueva y de comprar unas botas para la nieve. Había que prepararse para lo peor. El cielo colgaba bajo, como es habitual en aquella época del año. Todavía no se habían consumido del todo las velas en los cementerios y a través de la tela metálica vi que las luces de colores titilaban durante el día, como si la gente quisiera ayudar con aquellas míseras llamas a un sol que se debilitaba en Escorpio. Plutón había tomado el poder sobre el mundo” [pp. 179-180].



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  • 10/19/19--01:52: Cueva

  • CUEVA

    Jorge Ávila

    Malpartida de Plasencia (Cáceres, Ed. Siete Pisos, 2019, 235 págs.


       Fundador de la editorial Siete Pisos, Jorge Ávila (Malpartida de Plasencia, 1975) es licenciado en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid. Hasta el momento, ha publicado una novela corta, Tambores de pareja (Luhu Editorial, 2015) y el libro de relatos Conversaciones antes del despertador (De la Luna libros, 2017).

       Ahora, la editorial Siete Pisos publica Cueva, una novela cuya trama  arranca con la propuesta de Palmiro, un joven oficinista, a su amigo Gago, que trabaja de camarero en un bar, de abandonar sus vidas y sus trabajos de subsistencia para encerrarse en un ático y convertirlo en algo parecido a una cueva prehistórica, una idea que, considerada en principio una broma, va tomando cuerpo en conversaciones sucesivas. ¿Quiénes son estos dos jóvenes que están a punto de embarcarse en un proyecto descabellado? Como dice la cita inicial de Camilo José de Cela, hombres aburridos de ser durante años los mismos que han decidido convertirse en otros, “con otro acento, y otra vestimenta, y hasta otras ideas, si fuera preciso…”, lejos de un entorno en que les acosan y abruman “todas las malezas capitales” (G. H. Bayal). Naturalmente, tras este proyecto quimérico se adivina la tentación de una “huida” a la que están a punto de ceder. Hartos de “amores que se esfumaron”, de quienes venden la “felicidad al peso”, de la palabrería política, del teoricismo del aprendizaje académico, pero también de la banalidad y el exhibicionismo de las redes… estos dos seres ingenuos, envenenados de bibliografía de ciencias humanas (asisten con frecuencia a las clases de la facultad para rebatir a sus profesores), determinan abandonar sus vidas sin futuro para realizar sus sueños. A ellos se les unirá José Naváis que vive, como ellos un momento de crisis (una relación sentimental rota, una carrera terminada) y María, que ha vivido, siempre en el borde la marginalidad y de la delincuencia, varios fracasos amorosos.

       Poco a poco, este pintoresco grupo humano (todos con una vasta formación de lecturas tal vez no sedimentadas) irán convirtiendo un ático situado frente a un parque en una cueva, “el marco idóneo para encontrarse con uno mismo, con un yo en proceso de interacción con los materiales y herramientas más primitivas, a través del cual establecer conexión con el ser ontológico universal” [p. 22] de acuerdo con un proyecto que pasa por cuatro fases: el encierro, la risa, el silencio y el hambre, en una cueva con dibujos de arpones magdalenienses, hachas de mano, pequeñas lanzas con las puntas argentadas, bisontes en los techos (y una chimenea en el salón a modo de pira primitiva).

       La trama avanza entre conversaciones de una alta talla intelectual, con profusión de citas extraídas de ensayos de sicología, sociología, antropología y su tono es siempre bienhumorado, pero ¿lograrán sus propósitos estos jóvenes que, como Alonso Quijano, han abandonado lo que poseían para construir una quimera?

       Reproducimos un fragmento del diario (o crónica) de María, la joven del grupo.


       “Es cierto que el proyecto en su totalidad parecía una invitación al absurdo, pero si hasta san Agustín lo dijo: ‘Creo, porque es absurdo’ (lo tengo aquí apuntado: la cita, el autor, y una anotación que dice que lo citó Palmiro y que, por el contrario, a Naváis le sonaba que la cita era apócrifa y no de san Agustín), cómo no iba a suscribirlo yo, que era la primera vez que me sentía realmente escuchada. En fin, tengo también aquí un fragmento de la antigua crónica, que me dispongo a hojear entre sorbos de té:

       ‘Hoy han instalado por fin la chimenea, de manera que empieza a estar todo listo para que nuestros espíritus salgan de la recia sociedad donde permanecen enclaustrados, porque no es mucho decir que somos debilitados por quienes no cumplen sus audaces promesas de abrirnos las puertas de nosotros mismos sino que las cierran a riesgo de que dentro queden sepultadas la inocencia y la alegría, inútiles ya para cualquier cosa excepto la de padecer la horrible nostalgia de un desconocido anhelo, pues ya solo nos vemos como seres insoportables, esculpidos en el miedo y el odio, y es por eso que ahora, que empezamos a mirar a ese Olimpo que otros tildan de locura, esperamos con impaciencia que el fuego derrita la coraza que tanto nos pesa y que entre los pequeños estallidos de la leña suenen también nuestros bramidos de júbilo salvaje?”. [pp. 155-156].



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  • 10/24/19--09:18: Basilio Sánchez


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    CRÓNICAS DESDE EL PAÍS DEL NO Y OTROS CUENTOS


    Ana Ayuso Verde

    Mérida, Editora Regional de Extremadura, Col. Vincapervinca, 2019, 174 págs.



       Nacida en Campanario, Ana Ayuso Verde es Licenciada en Periodismo y profesora de Lengua y Literatura. Ha impartido cursos de Literatura Creativa y Redacción periodística en escuelas como Fuentetaja o Cálamo y Gran. Ha publicado El oficio de escritor (Suma de Letras, 2003), y Donde sueñas los tigres (Ed. Traspiés, 2008). Es redactora de la enciclopedia Curso de teoría y práctica del relato(Fuentetaja) y directora literaria de la enciclopedia El placer de escribir (Planeta de Agostini, 1999). Ha participado en la antología Los cuentos del Alambrey recibido los premios Unicaja y Barcarola de relatos.

       Ahora, la Editora Regional de Extremadurapublica Crónicas desde el país de No y otros relatos, un conjunto de narraciones, ambientadas el primer grupo en un territorio sorprendente en el que personajes se hallan sometidos a un lógica absurda o terrible, pero también en los restantes relatos descubrimos tras la realidad cotidiana la presencia desasosegante de lo desconocido.

       Reproducimos uno de los relatos del primer bloque.



    LA ENFERMEDAD DEL HOMBRE SILLÓN


    Extraña, más que ninguna, es la enfermedad del hombre sillón. De síntomas largos y evidentes, que empiezan a labrarse ya en la edad infantil, esta enfermedad se manifiesta hasta sus últimas consecuencias en todos los habitantes que las contraen. Son ciudadanos de piel pálida y ojos hundidos, que terminan pasando sus días en un fatigoso ir y venir de la cama al sillón y del sillón a la cama, hasta que definitivamente habitan solo el sillón, y solo en raras ocasiones consiguen alcanzar la posición vertical.

       Esta dolencia invade la sangre de los afectados ya desde niños, y con el tiempo laxa los miembros y entumece los huesos de los enfermos.

       Después de una larga temporada sometido a ese mal del cansado, el hombre sillón suele morir.

       Ha sucedido a veces que una mujer se sienta en las rodillas de ese hombre. Si eso sucede, el hombre sillón insiste en casarse con ella. Contrae matrimonio ante un altar doméstico arreglado para la ocasión en su sala de estar, de la que para entonces hace tiempo que no sale –al hombre sillón le gusta poco el mundo exterior y muy de tarde en tarde lo frecuenta.

       Su esposa le cuidará hasta que muera, le verá perderse en las honduras del tapizado donde, con el tiempo, se le extravían primero las extremidades y después el torso, hasta que un día le ve desaparecer con una sonrisa que se adentra en el respaldo del sillón y dice: “Adiós, adiós, no te volveré a ver”. Y la viuda se sienta un rato y llora encima de su marido, pero no por mucho tiempo, porque, aunque ha perdido un esposo, posee ahora un sillón de lo más cómodo, y no de tela, sino de piel fina y clara, del color del marfil. Esos sillones son muy cotizados en el país de No. Son difíciles de conseguir si no es por herencia, ya que las viudas no acostumbran a venderlos, antes bien. Buscan a otro hombre sillón, se sientan en sus rodillas y, con el tiempo, consiguen un salón cómodo y bonito con dos o más sillones suaves y vivos, donde los domingos por la tarden toman café con sus amigas, siempre envidiosas del mobiliario, y comentan, entre bromas y veras, la inmensa fatalidad de su desgracia.



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  • 10/31/19--13:50: Piedra y pasión


  • PIEDRA Y PASIÓN:

    Los viajes extremeños de Miguel de Unamuno


    Andreu Navarra Ordoño

    Mérida, Editora Regional de Extremadura, Col. Estudio, 2019, 95 págs.


       Andreu Navarro (Barcelona, 1981), historiador y escritor, es autor entre otros títulos de La región sospechosa. La dialéctica hispanocatalana entre 1875 y 1939 (2012), Aliadófilos y germanófilos en la cultura española (2012), El ateísmo. La aventura de pensar libremente en España (2016), El espejo blanco. Viajeros españoles en Rusia (2016), Ortega y Gasset y los catalanes (2019) o Devaluación Continua. Informe urgente sobre alumnos y profesores de secundaria (2019).

       Piedra y pasión, que ahora publica la Editora Regional de Extremadura, se compone de tres ensayos dedicados a los varios  viajes de Unamuno por el norte de la región extremeña: “Perfiles extremeños” (Hervás, Plasencia, Trujillo, Yuste…), “Unamuno en las Hurdes” y “Unamuno en Mérida” (con ocasión del estreno en el Teatro Romano de la ciudad de Medea de Eurípides, traducida por él, en junio de 1933, cuando exclama: “¡Qué grandiosidad de escenario, sin necesidad de falsas bambalinas y brochazos al temple!”).

       Aparecidos en diarios y revistas, los textos que dedicó a la región pasaron a formar parte de Por tierras de España y Portugal (1911) y Andanzas y visiones españolas(1922), aunque la región reaparecería en Paisajes del alma (libro recopilado por García Blanco aparecido en 1944). En Extremadura, aparecerían una recopilación de poemas y artículos con fotografías de Antonio Fernández (Extremadura, 1992) y Viajes por Extremadura (Diputación Provincial de Cáceres, 2004) al cuidado de José Luis Bernal.

       El lúcido análisis de los textos lleva al crítico a cotejar las valoraciones unamunianas con otros autores que viajaron por la región, como Luis Bello (Viaje por las escuelas de España, 1926-29), Pío Baroja (La dama errante, 1908), Ciro Bayo (El peregrino entretenido, 1910), Ricardo Baroja (Gente del 98, 1952), Julio Cejador (Tierra y alma española, 1928), José María Salaverría (Los conquistadores, 1918), o Maurice Legendre (Les Jurdes. Etude de Géographi humaine, 1927, reeditado la ERE en 2006, Semblanza de España, 1944).

       Salvo la denuncia de ciertas lacras (los cabildeos provincianos, la pereza de siglos, los juegos de azar…), la visión que Unamuno da de Extremadura, del paisaje natural y humano, es resueltamente positiva, pero, contemplado desde el presente  es difícil compartir las soluciones que propone: la defensa del casticismo, de los valores morales, la renuncia y resistencia al progreso.

       “Unamuno es partidario de la pobreza digna, de la luchadora austeridad. Concluye que todos los españoles son hurdanos porque cree firmemente que la política estatal no puede traer la felicidad a los españoles. Porque opina que debe dejarles soñar su sueño eterno y tradicional, sin trasladarles inquietudes perturbadoras […] los desgraciados son los jugadores de Trujillo: quienes, habitando la civilización, se degradan. ¿Se comprende por qué carece de sentido arremeter contra Unamuno por haber insultado a los extremeños? Unamuno elevó a dos clases de extremeños a la categoría de arquetipos humanos: por lado, los vagos y jugadores que son el producto del sistema liberal, de la monarquía feudal disfrazada de zarandajas progresistas; por otro lado, el espíritu de superación, la vida oscura del luchador de las montañas. Podríamos concluir que, para Unamuno, los hurdanos son el ‘buen salvaje’. Sin embargo, es a la inversa: para él, los salvajes son los civilizados. Los hurdanos son los que han logrado domesticar lo intolerable, habitar lo inhabitable: “¡Pobres hurdanos! Pero… ¿salvajes? Todo menos salvajes. No, no, no es una paradoja lo de mi amigo Legendre, el inteligente amador de España; son, sí, uno de los honores de la patria” [pp. 55-56].

       Cuando traduce sus impresiones paisajísticas al verso los resultados son aún peores.


    Hervás con sus castañares

    recoletos en la falda

    de la sierra que hace espalda

    a Castilla: sus telares

    reliquia de economía

    medieval que el siglo abroga,

    y a un rincón la sinagoga

    en que la grey se reunía,

    que hoy añora la verdura

    de España, la que regara

    con su libro –de él no avara-

    el zaguán de Extremadura.



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  • 11/04/19--09:53: Laberinto


  • LABERTINTO

    Anatomía del presente


    Marino González Montero

    Mérida, De la Luna Libros, 2019, 79 págs.



       Fundador de la revista de creación La Luna de Mériday director de la editorial De la Luna Libros, Marino González Montero (Almaraz, 1963) es coautor del libro Puentes de Extremadura, de la edición ilustrada de La vida del Lazarillo de Tormes y autor de versiones de textos de Shakespeare (La tempestad), Plauto (Cásina, El Persa, Truculentus) y de Terencio. Como poeta, ha publicado Tangos extremeños (2006), Incógnita del tiempo y la velocidad(2014) y Un estanque de carpas amarillas (2015) que ahora ve la luz en la misma editorial emeritense. Como narrador, es autor de libros de relatos como En dos tiempos (finalista del premio Setenil al mejor libro de relatos publicado en 2004), Sedah Street (If  Ediciones, 2001), Diarios miedos (2009) y Sed (2011), ambos en la editorial De la Luna libros. En 2016 apareció Rollos y picotas de Extremadura (De la Luna libros) y en 2018 el poema épico dramático La bella Magalona.

       Ahora, Del la Luna libros publica Laberinto, cuya trama reúne en un lugar simbólico (una iglesia abandonada utilizada después como lugar de representaciones teatrales) a tres  personajes, el Hombre, la Mujer y la diosa ciega Tyche, encarnación mitológica del destino y de la fortuna. En densos diálogo, no exentos de humor, los tres personajes conversarán sobre motivos de la existencia humana en un entorno protagonizado por las imágenes simbólicas (confesionarios y reclinatorios, cabezas de alambre huecas, maniquíes), la poesía y la música.

       Reproducimos un fragmento en que aparecen algunos de los motivos citados.



       “Ahora, EL HOMBRE y LA MUJER colocan los confesionarios cara al público y TYCHE se sitúa en medio de los dos, algo más adelantada, junto al proscenio.


    EL HOMBRE: Yo tengo una pregunta.


    TYCHE: (Que no se fía) A ver…


    EL HOMBRE: ¿Quieres decir que los dioses han desaparecido?


    TYCHE: O que vamos camino de ello. Que estamos en retirada, como bien ha escrito uno de los vuestros.


    EL HOMBRE: ¿Por qué?


    TYCHE: Eso digo yo, por qué…


    LA MUJER: No lo entiendo. ¿Y cómo te llamas?


    TYCHE: (Respondiendo a uno y a otra. Sin mirar atrás) Supongo que ya no os hacemos falta. Tenéis otras cosas que adorar. Soy Tyche, la diosa Fortuna.


    EL HOMBRE: Imagino que la ciencia, la tecnología… os están… matando.


    LA MUJER: ¿Vives aquí?


    TYCHE: (Algo triste). Imagino… La IMAGINACIÓN perdiendo terreno ante la RAZÓN. Por eso… estoy aquí… cumpliendo órdenes de mis superiores… Tenía que ser este sitio.


    EL HOMBRE: (Muy extrañado) ¿Una iglesia? ¿Tyche… la diosa Fortuna… en una iglesia?


    LA MUJER: Pero, esto no fue también un teatro?


    TYCHE: (Algo mareada de tanta pregunta doble) Me lo tengo merecido por suplicaros las preguntas. (Suspira) Tenía que ser este sitio. Iglesia… teatro… la misma cosa son. Mirad el suelo que pisáis. Estamos juntos en la nave de crucero de lo que fue una iglesia. ¿Qué veis?


    LA MUJER: (Tras mirar detenidamente) Parece el dibujo de algo parecido a un laberinto.


    EL HOMBRE: Parece…


    TYCHE: (Decidida. Moviéndose agitada por todo el escenario) ¡Es… un laberinto! ¡Un DÉDALO! La representación en mármol del camino que hay que recorrer para llegar a Dios… a vuestro dios… cualquiera que sea. Esta iglesia, como todas las iglesias conocidas, se construye como el GRAN TEATRO DEL MUNDO, el escenario de piedra donde el sacerdote escenifica y proyecta las palabras del GRAN AUTOR; mientras los fieles… -el público- siguen atentos sus indicaciones


    LA MUJER: ¿Y el teatro?


    TYCHE: En eso se convirtió después. Me temo que estaba escrito en las paredes. EL TEATRO es una gran IGLESIA, originariamente de forma semicircular, de modo que todas las miradas converjan en un solo punto”. [pp. 38-40].



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  • 11/05/19--03:18: Luis de Morales

  • BADAJOZ, 1925: MONUMENTO Y EXPOSICIÓN DE LUIS DE MORALES


    Fernando Cortés Cortés

    Badajoz, Servicio de Publicaciones del Ayuntamiento, 2019, 354 págs.

     

     
       Tras cursar Magisterio, Fernando Cortés Cortés (Montijo, 1944) es en la actualidad Doctor en Filosofía y Letras (en la sección de Historia) y Doctor en Pedagogía por la Universidad de Extremadura además de Catedrático de Geografía e Historia. A su tarea como profesor de enseñanza primaria y media ha sumado numerosos cargos institucionales (Inspector de Educación, Director General de Ordenación, Renovación y Centros, Cronista Oficial de la ciudad de Badajoz, Director de la Revista de Estudios Extremeños…).  Como investigador, Fernando es autor de una vastísima trayectoria de publicaciones, que no se doblega a los resúmenes, que ha transitado de  modo preferente por la historia de la Baja Extremadura y Andalucía occidental, las relaciones fronterizas entre España y Portugal (numerosos trabajos han aparecido en el  país vecino) y el estudio del estado de la educación en Extremadura en diferentes tramos de su pasado. Una relación completa de sus obras pueden encontrarse en su blog de Regiondigital.

       Ahora, el servicio de publicaciones del Ayuntamiento de Badajoz publica Badajoz, 1925: monumento y exposición de Luis de Rosales, un documentadísimo estudio del proyecto de erección de un monumento que recordara la figura de uno de los más insignes hijos la ciudad. Con un precedente lejano en 1865, la propuesta de erigir un monumento a Luis de Morales (Badajoz, 1509 – Alcántara, 1586, pero ninguna de las dos fechas está documenta) fue presentada por un edil en el pleno de la Corporación Municipal de Badajoz en abril de 1917. La proposición iba acompañada de sendos escritos de Aurelio Cabrera (que se ofreció a entregar un proyecto) y José Rebollo, directores de las Escuelas de Artes y Oficios de Toledo y de Badajoz respectivamente. En el mes de mayo de ese mismo año, el Museo del Prado celebra una exposición nacional de su obra (de motivos preferentemente religiosos, fue conocido en su época como el “Divino”).

       A partir de esta fecha, Fernando Cortés rastrea el recorrido de esta iniciativa por la prensa regional hasta la erección del monumento en el mes de junio de 1925. En Noticiero Extremeño, Nuevo Diario de Badajoz y Correo de la Mañana se suceden los artículos, casi todos unánimes en el apoyo al proyecto, de escritores, artistas e intelectuales como Antonio Juez (uno de los más entusiastas), Luis Bardají, Aurelio Cabrera (cuyo proyecto fue desestimado por su alto coste), Adelardo Covarsí, José Antonio Sánchez Borayta o José López Prudencio (que suele denunciar en sus artículos el olvido en el que duermen los artistas regionales del pasado). Tras barajar otros nombres de escultores regionales (Exuperancio Pérez Ascunce, Pérez Comendador, Torres Isunza), el proyecto fue encargado finalmente a Gabino Amaya.

       Más allá del interés específico del asunto central del estudio, por las páginas del libro de Fernando Cortés desfilan comisiones, instituciones públicas, entidades públicas y privadas pues el proyecto se financió con aportaciones de Cajas de Ahorro, Ateneo, Diputación, Ayuntamiento, establecimientos comerciales y numerosas personas a título personal, que reflejan la vida cultural de la ciudad pacense en un tramo temporal del siglo pasado.

       Reproducimos un fragmento que recoge una intervención de López Prudencio (director del Correo de la Mañana; el artículo apareció el 12 de mayo de 1922).


       “En esta línea podría situarse un nuevo artículo de José López Prudencio, quien una vez más incide en la personalidad y en la obra pictórica de Luis de Morales, comparando su producción pictórica con la de Zurbarán y con artistas extremeños de su momento –Hermoso, Covarsí- pero, sobre todo, presentando, recalcando y reforzando la idea de que el monumento a Morales, además de saldar una vieja deuda hacia el artista era el instrumento con el que comenzaría la regeneración de Extremadura y los extremeños recuperando los viejos valores que en tiempo bien pretérito –en la personal concepción que se pretendía divulgar y difundir- habían adornado a un pueblo y un pasado que se veía -y se soñaba- con unos caracteres en su acontecer histórico cuando menos bien alejados de la que había sido su auténtica realidad. López Prudencio lo declaraba de forma enfática.


       ‘Sabemos que se trata, no solo de un homenaje a determinada eminencia, como se trató en el caso de Moreno Nieto, sino de iniciar un movimiento de consciente examen de las energías y merecimientos de la raza mediante reconocimiento, estudio y presencia rememorativa de sus grandes representantes, y esto hay necesidad e comenzarlo por uno, por alguien, por el que sea, están en igual condición, en todos los grandes hombres de Extremadura, cualquiera que sea el terreno en que se movilizaran, el campo en que florecieron, aunque en uno sean distintos que en otros los rasgos predominantes y aunque hay algunos en que todos esos rasgos se cursan con igual vigor’”




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  • 11/06/19--09:46: El contador de gotas

  • EL CONTADOR DE GOTAS

    Francisco Javier Irazoki

    Madrid, Hiperión, 2019, 113 págs.


       Francisco Javier Irazoki (Lesaka, Navarra, 1954) fue periodista musical en Madrid, en donde colaboró en revistas como Disco Express (bajo la dirección de Erwin Mauch) y El Musiquero (dirigida por José María Iñigo). Formó parte de CLOC, grupo de escritores surrealistas. Desde 1993 reside en París, donde ha cursado estudios musicales: Armonía y Composición, Historia de la Música, etc.

        Como escritor, sus primeros poemarios editados fueron Árgoma (Estella, 1980) y Cielos segados (Universidad del País Vasco; Leioa, 1992), que incluía los tres volúmenes de versos escritos hasta esa fecha: Árgoma (1976-1980), Desiertos para Hades (1982-1988) y La miniatura infinita (1989-1990). Más tarde, Irazoki publicaría Notas del camino (Javier Arbilla Editor; Pamplona, 2002, con fotografías de Antonio Arenal), el libro de poemas en prosa Los hombres intermitentes (Hiperión; Madrid, 2006) y, recientemente, La nota rota (Hiperión; Madrid, 2009), cincuenta semblanzas de músicos de épocas muy variadas, desde el Renacimiento y el Barroco hasta los mejores creadores e intérpretes del jazz. A estos títulos siguieron el poemario Retrato de un hilo (2013) y los libros de poemas en prosa Orquesta de desaparecidos (2015) y Ciento noventa espejos(2017), ambos aparecidos en la editorial Hiperión. Durante cuatro años escribió su columna Radio París en El Cultural, suplemento del diario El mundo, donde en la actualidad es crítico de poesía.

       Por afinidades temáticas y formales, El contador de gotas, que ahora publica la editorial Hiperión, forma parte del grupo o bloque de los dos libros anteriores. Les une la elección del mismo subgénero lírico (el poema en prosa de extensión reducida) y la naturaleza de los motivos que lleva al territorio de estos cuarenta y cuatro textos: los recuerdos infantiles y juveniles, sin desarrollo narrativo, los paisajes urbanos de la ciudad de París, las estampas de los marginados (inmigrantes del sur en el País Vasco, gitanos rechazados en todas partes, exiliados del este de Europa en París, creadores (poetas malditos, músicos en las estaciones de metro…) no reconocidos en su época o perseguidos por el poder (como sucede en “Casas libres”: Ósip Mandelstam, Anna Ajmátova y Varlam Shalámov, acosados por los comunistas). Una mirada solidaria, profundamente ética, marca estas evocaciones que en ocasiones se dirigen al propio “yo” y en ocasiones salen al exterior para “narrar” la persecución, el desarraigo, la soledad y el terror de los otros. Formalmente, sobresale una expresión pulcra y contenida, con una marcada tendencia a la yuxtaposición de impresiones sin nexos subordinantes (muchos de los poemas permitirían su reproducción en verso libre) y una expresión metafórica que alcanza, con frecuencia, a los títulos: “Las aduanas” (el lugar del mestizaje cultural), “Soledad transhumante” (aventura del exiliado), “Espejos que pedalean” (ciclistas), “La belleza expulsada” (los gitanos), “Casas libres” (lugares de reunión de los disidentes)…

       Reproducimos una de estas composiciones en que puede apreciarse una de esas identificaciones metafóricas expresas ya desde el título.


    UN POETA ATADO


       El zorro es mi poeta maldito.

       Mi niñez lo contempla colgado de una tranca. Me detengo frente a su pelaje rojizo, sus pies negros y su astucia inmóvil. Un cazador lo transporta sobre los hombros y recibe treinta monedas en las casa de los campesinos.

       De noche, el zorro ha merodeado las viviendas de los adultos y las pesadillas de los niños. En los sueños infantiles, su boca muerde roedores, topos y animales de corral o gotea jugos de frutas. Su hocico olisquea miedos.

       Su poema está creado lejos del grupo. No imita al perro sumiso ni al lobo gregario. Cruza sin compañía externa los hayedos, robledales y desmontes. Su manada es interior y la prudencia con oído de músico dirige su jerarquía.

       Leo las líneas de una silueta nocturna con grito humano. El zorro camina atado a su soledad omnívora. [pp.18-19].



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  • 11/10/19--02:44: Piedras negras


  • PIEDRAS NEGRAS


    Eugenio Fuentes

    Barcelona, Tusquets, 2019, 365 págs.


       Eugenio Fuentes (Montehermoso, 1958) ha recibido numerosos reconocimientos como articulista (el premio “Francisco Valdés”, el “Carmen de Burgos”, el “Julio Camba” o el “Manuel Azaña”) y es autor, asimismo, de tres ensayos literarios publicados por la Editora Regional de Extremadura: La mitad de Occidente (2003), Tierras de fuentes (2010) y Literatura del dolor, poética de la bondad(2013). Pero su mayor aportación es la narrativa. En este campo, se dio a conocer con Las batallas de Breda(premio Cáceres de Novela Corta, 1988, publicada por la I.C. "El Brocense" en 1990). Más tarde, en 1993, vería la luz El nacimiento de Cupido (1993, premio internacional de novela “Ciudad de San Fernando”) y los relatos de Vías muertas (Editora Regional, 1997), año en que aparece también Tantas mentiras (premio “José Antonio Gabriel y Galán”, Mérida, ERE, 1997), una novela histórica ambientada en los años de la revolución mexicana.

       En El interior del bosque (premio “Alba-Canarias” de 1999, publicada un año más tarde) asistimos a una sucesión de asesinatos ocurridos en la reserva natural del Paternóster, que un detective privado, Ricardo Cupido, se propone investigar. Será el primer título de un ciclo de novelas que, excepto La sangre de los ángeles (Alba Editorial, 2001), han sido publicadas por Tusquets: Las manos del pianista (2003), Venas de nieve (2005, premio “Extremadura a la creación”), Cuerpo a cuerpo (2007), Contrarreloj(2009), Si mañana muero (2013) y Mistralia (2015). En 2018 apareció en la misma editorial un ensayo histórico, La sangre de los inocentes, que recoge las distintas formas de intolerancia y violencia a lo largo de la historia.

       Ahora, la editorial Tusquets publica su última novela, Piedras negras, cuya trama arranca con la muerte en Tolouse de Marta Medina, una anciana profesora de música. Su nieta, Marthe, que ha heredado de la abuela su nombre y su pasión por la música, recibe una carta en que la anciana le desvela un secreto que no ha querido compartir con nadie: en febrero de 1938 dio a luz en un hospital de Ciempozuelos a un niño de una relación con un miliciano que conoció en Breda, pero el niño le fue arrebatado en circunstancias que ella no se encontraba en condiciones de aclarar. Quiere que su nieta  encuentre a su hijo y le pida perdón. La joven viaja en automóvil a Breda (no en tren: nos encontramos en mayo de 2004 tras los recientes atentados de Atocha) y pide ayuda a un investigador privado, Ricardo Cupido. A pesar de las dificultades, ambos encuentran pronto al niño robado. Se trata de Alejandro Garcilaso, miembro de una poderosa familia dueña de viñedos, bodegas y edificios antiguos en la ciudad de Toledo, que se encuentra inmersa en proyectos inmobiliarios y turbios asuntos financieros. El anciano apenas si presta atención al relato y despide de malos modos al investigador, pero cuando su hija Alejandra es asesinada en la sede de la Fundación le pide su ayuda para esclarecer una muerte acaecida en unas circunstancias horribles. La novela desarrolla de este modo dos tramas protagonizadas, una por los derrotados de la guerra, víctimas de todo tipo expolios (que llegaron al robo de recién nacidos) y empujados al exilio, y otra por los vencedores que al término de la contienda conservaron su posición social y pudieron incrementar su patrimonio siempre en la cúspide del poder.

       Como en novelas anteriores, nos encontramos ante una trama absorbente que mantiene, con una prosa certera y cuidada, una tensión indeclinable, pero también ante una novela realista perfectamente documentada, que refleja desde una perspectiva crítica y testimonial las lacras de una sociedad dominada por una ambición desmedida, inmersa en una absurda explosión inmobiliaria, tanto privada como pública (con lujosos palacios de congresos sin congresos y aeropuertos sin aviones) y una generalizada carencia de ética (destrucción del patrimonio histórico, evasión de capitales tras el cambio de gobierno…), muy lejos del perfil de tantas novelas negras concebidas como meros artefactos narrativos lúdicos.

       Reproducimos un fragmento en que el exmarido de la joven asesinada arroja sus cenizas al río Tajo (solo su perro parece sentir su ausencia).


             “-Yo me encargaré de hacerlo –había dicho Enrique para zanjar la cuestión.

       Con la correa de Zoco en una mano y en la otra una bolsa con la urna, más pesada de lo que había imaginado, bajó sin prisas por el paseo del Carmen, donde los muros traseros de los conventos se agarraban al suelo para no resbalar hacia el río.

       Era de noche cuando se apoyó el pretil del puente. Una luna llena e inocente, una superluna avanzaba a zancadas por el cielo, apagando a la osa mayor, que se arrastraba fatigosamente hacia el polo.

       Esperó a que pasaran unos viandantes mientras contemplaba las encajonadas aguas del río, que mostraba en algunos recodos una orla blanca, como si fuera pus. Le hubiera gustado que todo estuviera más silencioso y oscuro para que las cenizas cayeran sobre las tinieblas sin testigos ni huellas, pero la ciudad derramaba demasiados reflejos y emitía un sordo bordoneo, como si a lo lejos entrechocaran los huesos de la noche. Abrió la bolsa y Zoco, que se había quedado tranquilo, comenzó a gemir de nuevo. Comprobó que no pasaba nadie y desenroscó la tapa de la urna. Solo olía a humo, pero Zoco intensificó sus gañidos. Enrique se inclinó sobre el petril y echó las cenizas que fueron cayendo desde lo alto del arco sobre las aguas negras. Eso era todo, de Alex ya no quedaba nada. Su DNI sería borrado de las bases de datos, se cancelarían sus cuentas bancarias, sus números de teléfono se adjudicarían a otros usuarios y alguien de África vestiría su ropa cuando la donara. Entonces dio la espalda al vacío. Zoco había empezado a gruñir y le enseñaba los colmillos amenazadoramente. [pp. 213].



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       Hoy, trece de noviembre arrancan las actividades del Aula Guadiana de este curso académico con la visita de Ricardo Menéndez Salmón (Gijón, 1971), que hablará de su obra en el Museo Etnográfico de Don Benito a las 20,00 de la tarde. Perteneciente a la red de Aulas Literarias de la Asociación de Escritores Extremeños, el Aula Guadiana viene realizando su actividad desde su fundación en 2002, sostenida por varias instituciones de la región: la Asociación de Escritores Extremeños, la Dirección General de Cultura de la Junta de Extremadura, la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Don Benito y los centros participantes: Colegio Claret, IES Cuatro Caminos e IES Donoso Cortés. Mañana, jueves. a las doce horas, los alumnos de bachiller de estos centros podrán escuchar al escritor en el salón de actos del IES Donoso Cortés.

    Nacido en Gijón, en 1971, Ricardo Menéndez Salmón es licenciado en Filosofía por la Universidad de Oviedo. Escribe en los diarios El País, La Vanguardia y La Nueva España.

    Autor de un libro de viajes, Asturias para Vera (Imagine, 2010: Premio Llanes), ha publicado los libros de relatos Los caballos azules (Trea, 2005: Premios Juan Rulfo y de la Crítica de Asturias) y Gritar (Lengua de Trapo, 2007), y las novelas La filosofía en invierno (KRK, 1999), Panóptico (KRK, 2001), Los arrebatados (Trea, 2003), La noche feroz (KRK, 2006: Premio Casino de Mieres), la denominada Trilogía del mal —que incluye La ofensa (Seix Barral, 2007: Premios Qwerty de Barcelona Televisión y Sintagma XXI), Derrumbe (Seix Barral, 2008: Premio de la Crítica de Asturias) y El corrector (Seix Barral, 2009: Premio de la Crítica de la Feria del Libro de Bilbao)—, La luz es más antigua que el amor (Seix Barral, 2010: Premio Cálamo «Otra mirada»), Medusa (Seix Barral, 2012: Premios Quim Masó y Serra d’Or a su versión teatral por la compañía La Virgueria), Niños en el tiempo (Seix Barral, 2014: Premio Las Américas), El Sistema (Seix Barral, 2016: Premio Biblioteca Breve) y Homo Lubitz (Seix Barral, 2018).

    Su obra ha sido traducida al alemán, catalán, francés, holandés, italiano, portugués y turco.

       Hasta el momento, han pasado por el aula los escritores siguientes:


    FÉLIX GRANDE, DULCE CHACÓN,

    JOSÉ MANUEL CABALLERO BONALD,

    IGNACIO MARTÍNEZ DE PISÓN,

    SANTIAGO CASTELO, ESPIDO FREIRE,

    LUIS ALBERTO DE CUENCA,

    JUAN CARLOS MESTRE, JOSÉ VIÑALS,

    ANDRÉS SOREL, JUAN MANUEL DE PRADA

    ROSA REGÁS, ANTONIO HERNÁNDEZ,

    CÉSAR ANTONIO MOLINA, RAMÓN BUENAVENTURA,

    JESÚS SÁNCHEZ ADALID, ANTONIO MARÍA FLÓREZ,

    JAVIER REVERTE, LUIS MATEO DÍEZ,

    MARÍA ROSA VICENTE OLIVAS,

    LUIS ANTONIO DE VILLENA,

    JOSÉ ANTONIO MORENO JURADO,

    FERNANDO MARÍAS, ALFONSO ARMADA,

    ALONSO GUERRERO, CLARA JANÉS,

    JORDI DOCE,  MAURICIO WIESENTHAL,

    GUSTAVO MARTÍN GARZO, OCTAVIO ESCOBAR,

    JOSÉ ANTONIO RAMÍREZ LOZANO,

    FRANCISCO JAVIER IRAZOKI, FERNANDO ARAMBURU,

    JULIO LLAMAZARES, JOSÉ ANTONIO ZAMBRANO,

    JUAN ANTONIO GONZÁLEZ IGLESIAS,

    JOSÉ MARÍA GUELBENZU, ANDRÉS TRAPIELLO,

    ANTONIO OREJUDO, RAFAEL REIG

    LUIS LANDERO, VICENTE MOLINA FOIX

    ÁLVARO VALVERDE, MIGUEL D’ORS,

    MARTA SANZ, LAURA FREIXAS,

    JUAN VICENTE PIQUERAS, JOSÉ LUIS GARCÍA MARTÍN,

    MANUEL VILAS, JAIME SILES, LORENZO SILVA,

    EDUARDO MOGA, AURORA LUQUE,

    SUSANA MARTÍN GIJÓN,

    JACOBO CORTINES, KIRMEN URIBE,

    OMAR PIMIENTA, GONÇALO M. TAVARES,

    SERGIO DEL MOLINO,

    JOSÉ LUIS BERNAL y JESÚS CARRASCO.



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       El pasado miércoles Ricardo Menéndez Salmón impartió una charla abierta al público en el Museo Etnográfico de Don Benito que se prolongó en un extenso e interesante coloquio entre el público asistente y el escritor. Algo similar sucedió al día siguiente, en el salón de actos del IES Donoso Cortés en el que las preguntas de los chicos ocuparon un tiempo mayor que el de la intervención del novelista, que se centró en este segundo caso en un recorrido por su trayectoria desde sus primeros libros aparecidos en ediciones regionales asturianas, leídos en círculos restringidos, hasta que despertó el interés de una editorial como Seix Barral en la que, desde La ofensa (2007) han aparecido todos sus libros posteriores. En ambos lugares, el escritor reflexionó sobre numerosos motivos: su formación filosófica como generadora de temas narrativos, la obra literaria como un proceso en marcha atento a su entorno, la presencia del mal en nuestras sociedades y a su constante mutación, a la vertiginosa velocidad con que se producen los cambios de modo que cualquier narrativa de anticipación, a la esperanza como una actitud errónea pues invita a la omisión de cualquier actividad transformadora, a las artes concebidas como un refugio…

       Ricardo Menéndez Salmón fue el autor que abrió las actividades del Aula Guadiana en el presente curso académico. Los demás autores invitados en esta ocasión son:

    Irene Sánchez Carrón (23/24 de enero. Casa de Cultura)

    Juan Bonilla (6/7 de febrero. Casa de Cultura)

    Alberto Olmos (5/ de marzo. Casa de Cultura)



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  • 11/15/19--00:56: Mar de fondo

  • MAR DE FONDO

    (POEMAS 2002-2017)


    Daniel Casado

    Mérida, Editora Regional de Extremadura, Col. Poesía, 2019, 203 págs.

    Introducción (“Mar de fondo o la existencia consciente”) de Antonio Salguero Carvajal


       Daniel Casado (Trujillo, 1975) es poeta, músico y gestor cultural. Su trayectoria poética arranca en 2003 con El largo andar tan breve (Vitruvio, 2003, premio “Ciudad de Mérida”), al que siguen El viento y las brasas (Pre-textos, 2004), El proyector de sombras (Editora Regional de Extremadura, 2005),  Oscuro pez del fondo (Rialp, 2010), El creador del espejo (De la luna libros, 2012), Secretos que contar (Amargord, 2015) y La segunda mirada (Amargord, 2017). En 2010 fue elegido La voz + joven por la Obra Social de Caja Madrid. Su obra ha ido apareciendo, además, en varias plaquettes (Ensayo de la pobreza, 1998; Me acuerdo, 1999; A vista de las aguas, 2001; Tabula raza, 2003; El sueño invadido, 2008, o Mar de sábanas, 2009) y aparece recogida en antologías como Compañeros de viaje (Biblioteca de Extremadura), Cuatro poetas en un tobogán (Littera Libros), Literatura en Extremadura (Editora Regional), Antología 30 (Pre-textos) o Panorama poético de Extremadura (Fundación Delgado Valhondo). El propio Daniel Casado es el autor de otra antología, Piedra de toque, 15 poetas emergentes en Extremadura (Editora Regional, 2016).

       Ahora, la Editora Regional de Extremadura publica una amplia selección de sus poemas al cuidado del profesor Antonio Salguero Carvajal, que recoge composiciones de los títulos citados a los que se suman varios texto inéditos reunidos bajo el epígrafe de “Extravíos”. Tras trazar un recorrido por su trayectoria poética, el prologuista concluye en una visión panorámica: “Así Daniel Casado sin prisas viene conformando una obra poética con unas características personales que le han procurado una voz propia entre las primeras hornadas de poetas del siglo XXI: temas muy arraigados en la conciencia del ser humano, voz armónica que es y suena auténtica, fortaleza emocional para enfrentarse y ahondar en su esencia, base intelectual, amplio abanico de asuntos, tono consolidado, equilibrio estilístico, pulcra elaboración y capacidad de evolución y de adaptación a una poesía propia de nuestro siglo” (Prólogo, p. 32).

       Reproducimos una de las composiciones de La segunda mirada(2017).


    MUSEO ROMANO


    Veréis antes de nada la imponente

    construcción que lo alberga,

    el rústico ladrillo acorazando

    los mosaicos y columnas, las tablillas,

    las ofrendas, los indolentes retratos

    en piedra que la vanidad firmó

    sobre el humo. Hoy solo son pedazos

    rescatados del olvido.

    Veréis también,

    al franquearse la noble arquitectura,

    tras muchas pátinas de lodo,

    los mosaicos y sus dioses,

    las monedas sin su efigie…

    Todo cuanto aquí hallaréis

    será una vana ensoñación.


    También nuestras palabras

    fueron eso: sueño, dulce

    desvarío, inmensidad creciente

    de conocimiento y rebeldía,

    la misma que ahora os mueve

    sin descanso.


    Ya descendéis hasta la cripta,

    solos, como siempre viene,

    el alma a conocerse.


    Ya palpáis, bajo el silencio

    de cada inscripción,

    tan solo tierra, negra tierra.


    Escuchad el nutrido silencio

    del tiempo sin medida

    y afirmad que la muerte no existe.


    Es cuanto puede revelaros

    nuestra huella, tal es el secreto

    que la memoria escatima

    al vómito incesante

    de los yacimientos.



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  • 11/17/19--04:11: Rigurosa etiqueta

  • BIBLIOTECA FELIPE TRIGO

    Volumen II Rigurosa etiqueta

    Sor Demonio, La clave


    Edición, textos introductorios y notas de Luis Sáez Delgado


       Tras “El héroe de nuestro tiempo”, un volumen que incluía las novelas En camisa rosa, En la carrera y El médico rural aparecido en 2016, año del centenario de la muerte de Felipe Trigo, ve la luz ahora el segundo volumen de la biblioteca Felipe Trigo, titulado “Rigurosa etiqueta”, que incluye las novelas Sor Demonio (1909) y La clave(1910) y ha preparado, como aquellos títulos Luis Sáez Delgado (Cáceres, 1966). Actual Director de la Editora Regional de Extremadura, Sáez Delgado es autor de ensayos como “Muchos años después” (en Reflexiones sobre la novela), “La república nómada. Viaje y viajeros en la literatura contemporánea de Extremadura” (en Invitación al viaje), “La novela extremeña hacia el futuro” (en Extremadura-Portugal. Escribiendo el siglo XXI) y de libros como Animales melancólicos. La invención literaria de la identidad (2001), Un duelo privado. Notas sobre el exilio como literatura de viajes (2005) y Literatura en Extremadura, siglo XX (2003), en colaboración, este último, con el profesor Miguel Ángel Lama.

       Reproducimos un fragmento de la nota inicial sobre Sor Demonio (“Rigurosa etiqueta”), en que el editor subraya las similitudes y diferencias entre estas dos novelas, tan próximas en el tiempo.


       “Este estado de ánimo, de lo individual a lo colectivo, es de malestar, el diagnóstico europeo de todo el mal de entresiglos, que el médico social Felipe Trigo define y quiere tratar. El origen está en la rigurosa etiqueta que ahoga la vida sentimental de la sociedad de su tiempo, un código de sanciones, ventajas y normas que desde el pasado se prolongan hasta el presente. En este volumen desde el Lorasán de Sor Demonio hasta el Arlés de La clave, puntos cardinales de la misión redentora de Trigo: hacia el pasado, los usos salvajes del machismo; hacia el presente, la imposibilidad de romper instituciones que, en la práctica, todos respetan.

       En la ciudad de provincias perdida en el tiempo o en la próspera población que incluso entrega una avenida a Edison sufren Isabel y Gloria, sufren las mujeres en general, sufre pacientemente un pueblo que se siente maltratado, cautivos todos de la violencia pero también de una sensibilidad que les impide el cambio. El diagnóstico preciso del malestar sirve como categoría: es la enfermedad española, la semilla de esta aflicción que trasciende la sensualidad habitual de los conflictos de Trigo para llegar más allá, porque Sor Demonio y La clave serán, sobre todo, dos novelas profundamente políticas, acaso porque tratan de problemas sentimentales, o dos novelas completamente sentimentales porque abordan al fin problemas políticos. En Sor Demonio los que derivan de una Restauración gangrenada., que alimenta en sus comicios prescindibles, en la eternidad del carlismo ultramontano, un germen de impiedad y violencia; la falsedad de la Restauración es la de Honorio, su protagonista, un esperpento del sufragio. En La clave porque, en el desconcierto que producen los estertores de la segunda revolución industrial, España sacrificará a sus hijos en el altar de la última colonia posible; la zozobra de Julio no se distingue de la de todo el país: la política del presente, principio de incertidumbre del  orden mundial, es el capitalismo descarnado, frente a una nación que cree que no la quieren y que no se quiere a sí misma. Como si la biopolítica que trata de explicar nuestro cambio de siglo sirviera de sustento de estos textos y el momento borrascoso que dibujan, el de cualquier tiempo de transición y sus monstruos, aquí presentes en el sexo violento y el deseo sumiso como expresión amorosa y coartada política”. [“Rigurosa etiqueta”, pp. 11-12].




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  • 11/22/19--03:49: Suroeste 9

  • SUROESTE 9

    Revista de literaturas ibéricas


    Antonio Sáez Delgado [Dir]

    Mérida Editora Regional de Extremadura, 2019, 164 págs.

    Ilustraciones de Ángela Sánchez y Luis Costillo

    Diseño de Luis Costillo


       Con la financiación de la Consejería de Cultura e Igualdad y la colaboración de la Fundación Godofredo Ortega Muñoz ve la luz el número nueve de la revista Suroeste, dirigida por el profesor Antonio Sáez Delgado, que, como números anteriores publica textos inéditos escritos en las cinco lenguas habladas en la península (portugués, gallego, vasco, catalán y castellano) agrupados en cinco bloques: poesía, narrativa, ensayo y entrevistas y escaparate de libros. En poesía, los colaboradores de esta entrega son Hilario Barrero, Ignacio Cartagena, José Cereijo, Antoni Clapés, Catarina Santiago Costa, Fernando Echevarría, Asunción Escribano, Andrea C. Faria, Zetho Cunha Gonçalves, Hasier Larretxea, Jesús Montiel, Juan Vicente Piqueras, Luis Pires [Dos Reys/Donis de Frol] Guilhade, Antonio Rivero Taravillo, Kirmen Uribe y Miguel Veyrat. En narrativa, se incluyen colaboraciones de Mario Cláudio, Miguel Filipe Mochila, Paulo M. Morais, Antoni Munné-Jordá, Isabel Rio Novo y Cristina Almeida Serodio. Siguen tres ensayos de César Iglesias, Gabriel Insausti y Jordi Juliá y una entrevista a Francisco Castro realizada por Noemí Basanta y Pedro Dono. En la sección “Escaparate de libros” colaboran Eloísa Álvarez, María Estela Guedes, María Luisa Leal, Miriam Ruiz-Ruano Rísquez, Gabriel Magalhaes, Amador Palacios y Marías Jesús Fernández.

       La revista va acompañada de un suplemento en homenaje al diseñador de la revista, Luis Costillo (Rosal de la Frontera, 1956), fallecido el pasado mes de mayo en Badajoz, con numerosas colaboraciones de distinta naturaleza (textos en prosa, fotografías, poemas, poemas visuales…).





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  • 11/29/19--05:27: La revista Ángelus

  •    En su último número, la Revista de Estudios Extremeños (2019, Tomo LXXV, nº II, pp. 173-189) incluye un artículo sobre la revista segedana Ángelus, “La revista Ángelus. Una aportaciónal estudio de la poesía de posguerra en Extremadura”.



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  • 12/06/19--01:45: La materia cambiante